Relaciones humanas afectivas y efectivas de la palabra

Galo Guerrero-Jiménez

Las relaciones humanas se efectivizan, se comparten, se sostienen y llegan a obtener un alto grado de moralidad y de crecimiento educativo, social, cultural y democrático, desde las más agudas consideraciones axiológicas que a través de la palabra neuro lingüísticamente asumida es capaz de promover habilidades comunicativas en cada ser humano y desde cualquier ámbito geográfico, ideológico y socio-lingüístico, las cuales llegan a obtener su más viva realización dialógica, hermenéutica, fenomenológica e incluso estética, desde el cuerpo humano que al estar estructurado biológica, química y psicosamáticamente, se convierte en un instrumento simbólico que siente, piensa y se expresa con la mayor elocuencia que le sea posible.

Y las dimensiones humanas de su inteligencia intelectual, emocional, ecológica y espiritual crecen en la medida en que se buscan los espacios más adecuados para compartir la palabra a través de los medios humano-corporales y cerebrales que la palabra tiene para expresarse oral y gestualmente, y desde los medios tecnológicos que le son útiles para escribir, leer y escuchar al prójimo, y escucharse a sí mismo en el ámbito de la monologación que le es inherente a toda persona para pensar, reflexionar, discernir, cuestionar y plantearse una serie de interrogantes ante la vida y, en especial, dentro de su ecosistema, como el de pensar ontológica y dialécticamente: “¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos comunicamos con otras personas? ¿Qué sienten y qué experimentan nuestras células al comunicarse entre sí? ¿Por qué reaccionamos de una manera si queríamos hacerlo de otra?” (Zúñiga y Ligioiz, 2018).

Así, la palabra enmarcada en todos los ángulos de la vida humana y en esa mancomunidad de comunicación y de comunión afectiva, por tomar otra de las grandes dimensiones humanas, se entreteje, según Margarita Borja, “con los hilos más finos y los diseños más intrincados de los que es capaz la imaginación humana. Se tejen con determinación, intuición e ilusión, pero también con vulnerabilidad. Toda relación humana de complicidad (el amor, la gran amistad, la maternidad [la educación]) es un salto al vacío con la esperanza de que la tela que nos une sea mágicamente fuerte: capaz de sostener incluso el peso de nuestra soledad” (2025).

También, la palabra consignada en un escrito, como el de la literatura que, en el ámbito del relato, según Roland Barthes, “tiene un nombre, escapa al terror de una palabra sin límites: la realidad se adelgaza y se vuelve familiar, entra en un estilo, no desborda en lenguaje; la Literatura sigue siendo el valor de uso de una sociedad advertida, por la forma misma de las palabras, del sentido de lo que consume” (2013) el lector que se deja atrapar mentalmente por la construcción estética, mágica y ficticia de esa realidad lingüística que le conmueve o le hace reaccionar de una manera en la que se ve inmiscuido con esa palabra literaria que, de una o de otra manera, le comunica un algo existencial hasta ubicarlo en el trayecto de su imaginario, como la facultad inmediata que se tiene para reflexionar al respecto de lo que lee.

También la palabra consignada en un escrito y que, al ser leída, produce un acto muy individualizado. En este acto, a decir de Alfonso Berardinelli, “lo más importante es la forma en que se lleva a cabo la comprensión por parte del lector, dado que el texto emite significado únicamente en la práctica de la lectura, que naturalmente nunca es igual a sí misma. (…) [De otra parte,] la única función y la única utilidad que consigo verle a la lectura de obras literarias es esta: escándalo, conocimiento, evasión e identificación” (2016). En definitiva, la palabra: tierna, irreverente, directa, afectiva y en su totalidad de manifestaciones, debe convertirse en el lenguaje del amor universal para que haya una sociedad de la transparencia, en donde lo ordinario se convierta en la más viva manifestación extraordinaria de lo bello.