¡Mea culpa!

César Eduardo BRICEÑO TOLEDO

cbricenot@hotmail.com

El gobierno planteó a los ecuatorianos tres preguntas —de referéndum y una de consulta popular— el 16 de noviembre pasado. Un 60% dijeron No, y un 40% Sí; de los 221 cantones, 20 votaron Sí; además, de 16 a 29 años, que representan un 30% del electorado, se sumaron a la negativa. Muchos analistas consideran a este revés político del ejecutivo, acostumbrado a que siempre salió airoso en consultas anteriores, en los últimos dos años; tuvo un desgaste debido a una mala comunicación política del gobierno. También piensan que pudo influir en el electorado, el alza del diésel; la actitud dubitativa de poner una base militar extranjera en Galápagos; a la idea de una asamblea constituyente, sin explicación alguna; anexar la atención de salud del IESS al ministerio de salud; la posible eliminación de los décimos; una educación gratuita solo hasta el colegio; una vocería poca eficiente, condujo a una incertidumbre ciudadana. Amén, que también el electorado percibió intentos autocráticos del mandatario, percibidos desde su presencia en el palacio de Carondelet; particularmente, en contra de la Corte Constitucional, que es el custodio de nuestra Carta Magna.

Sin duda que, el gobierno ha incumplido severamente con las promesas de más empleo y seguridad; mejorar la salud y educación. Por el contrario, fue muy dadivoso en el dispendio de bonos; actitud populista, que de ninguna manera contribuyen a estabilizar y mejorar la economía del país.

Con estos resultados desfavorables para el gobierno, se impone la necesidad de revisar su agenda de gobernanza, y que tenga una mayor empatía social con los ecuatorianos. Debe tomar en serio este traspiés electoral. Qué el pueblo le dijo al ejecutivo, que no está conforme con sus decisiones y que espera un cambio de timón en el gobierno; empezando por la oxigenación de los secretarios de estado, que no simplemente, se los recicle en otros cargos de la administración pública, sino que, debería incluir a prestantes ciudadanos de la academia, y sectores productivos de la sociedad civil; sobre todo, que sean capaces y tengan experiencia administrativa de la cosa pública; que a veces, jamás los pueden encontrar exclusivamente en su entorno político. En definitiva, debe haber una concertación social.

El gobierno debe tener apertura al dialogo y evitar los revanchismos, en el manejo de la institucionalidad democrática de la nación. El “nuevo Ecuador” no debe entrar a una confrontación permanente de dos bandos políticos. Es hora de entrar en consensos, con las agrupaciones políticas, con la Asamblea Nacional e indigenado. El gobierno pasara a la historia, sino emplea las mañas del viejo país, y por el contrario, se dedique a hacer las reformas política al Código de la Democracia, para mejorar la representatividad del electorado y reparar la condiciones económica de los ecuatorianos, con una política pública transparente.