Leer es el acto más silenciosamente exquisito y revolucionario que existe

Galo Guerrero-Jiménez

En un letrero que se exhibe en una ludo biblioteca, con toda la certeza que la frase contiene, se afirma que “leer es el acto más silenciosamente revolucionario que existe”. Qué bueno leer esta frase para sentir su aroma interiormente a lo largo de todo un camino de palabras que el lector ha escogido con la más plena libertad para recorrerlo, sabiendo que, conforme avanza, se encontrará cada vez más satisfecho de peregrinar con la más plena convicción de que su andar por la vida en post de una palabra escrita y asimilada silenciosamente en su estructura mental, cognitivamente dispuesta para que ese lenguajear, o esa porción de palabras lingüísticamente ordenadas en el papel, es decir, desde la tecnología de la imprenta, o quizá para aquellos que leen desde la tecnología de las pantallas virtualizadas, cuando el dispositivo electrónico está dispuesto para que puedan leer sin ninguna distracción que no sea el texto que ahí aparece: espléndido y decorado con la más fina labranza del pensamiento que el escritor tiene para que el lector se deleite ordenando su pensamiento conforme fluye el acto de leer que, paulatinamente, le irá  revolucionando su accionar mental tanto cognitiva, estética, axiológica, hermenéutica, fenomenológica, dialéctica y ontológicamente asumido para un nuevo actuar sintiente de la palabra leída con la esbeltez  que su idiosincrasia humano-biológica le permite.

Se trata, por lo tanto, de un compromiso democrático que, al revolucionar su pensamiento lector se agita, es decir, revoluciona todas las inteligencias: intelectual, emocional, intrapersonal, interpersonal, lingüística… hasta conformar un emporio espiritual, puesto que, el impacto mental será para la búsqueda de un nuevo comportamiento: fino, directo, actuante, contemplativo, silencioso, reverente o irreverente, dada la profundidad con que la palabra leída cala en lo más selecto de su configuración humanístico-lingüística, dado que, el trabajo lector, o, más bien dicho, el entretenimiento lector, como señala el filósofo Byung-Chul Han, cuando habla de la exquisitez de cuidar un jardín, de entretenerse para creer y valorar el poder que la Tierra tiene biológicamente para, al cuidar un jardín, las plantas crezcan robustas, bellas, con su aroma especial, tal como le sucede al lector que, aguda y silenciosamente lee al estilo de la labor armoniosa del jardinero, el cual sostiene: “El trabajo de jardinería ha sido para mí una meditación silenciosa, un demorarme en el silencio. Ese trabajo [el del jardinero y el del lector] hacía que el tiempo se detuviera y se volviera fragante. Cuanto más tiempo trabajaba en el jardín, más respeto sentía hacia la tierra y su embriagadora belleza. Desde entonces tengo la profunda convicción de que la tierra es una creación divina” (Han, 2023).

Así es la conducta de ese lector embriagado, divinizado por las palabras que van calando en el decurrir de su pensamiento, que siente la fragancia de esa historia leída, de esa narrativa o de esa poética que aparece demorada en el silencio mental y en el tiempo meditativo, íntimo y simpático que revoluciona el pensamiento del lector, puesto que, como señala el escritor Ricardo Piglia: “No hay, a la vez, nada más real ni nada más ilusorio que el acto de leer” (2015).

Una loa para ese lector que revoluciona su pensamiento y su actuar en esa realidad de la cual y con la cual convive y, desde la realidad ilusoria, en cuanto aparente y subjetiva en la que se desenvuelve, como el jardinero de Byung-Chul Han que, cuando opina sobre la tierra como creación divina, dada la belleza biológica con la que las plantas crecen, así crece y se transforma el lector: con su biología cerebral que al recibir el impacto que las palabras leídas le producen al leer silenciosamente, es porque promueven una empatía con el pensamiento del escritor que, al ser dueño de ese lenguaje real o inventado desde la ficción literaria o desde cualquier otra realidad de escritura, se asemeja al ente Divino, dada la belleza biológica y creativa de la palabra.