Por: Chemary Larez Castillo, Ph.D.
Las instituciones, al igual que las comunidades que las sostienen, poseen vidas históricas hechas de rupturas, continuidades y reconstrucciones. No son entes estáticos, sino organismos que atraviesan etapas de nacimiento, consolidación, crisis y reinvención. En este marco, la historia de la formación musical en Loja -que cumple 81 años con la Universidad Nacional de Loja (UNL) como alma mater– constituye un ejemplo claro de cómo un proyecto educativo puede transformarse, adaptarse y persistir en contextos adversos.
La creación de la Escuela de Música de la entonces Universidad de Loja (actualmente UNL), en 1944, marcó un punto de inflexión para una provincia periférica donde hasta entonces la práctica musical había encontrado refugio en colegios, iglesias y sociedades gremiales, pero que carecía de una institución que le acogiera y avalara.
Lo que pocas veces se menciona -y que hoy merece ser recordado- es que la actual Carrera de Artes Musicales de la UNL y el Conservatorio de Música “Salvador Bustamante Celi” comparten un mismo origen; ambos nacen de aquella primera escuela de música. Fue allí donde brindaron instrucción y dirigieron grandes figuras de la música ecuatoriana, como: Francisco Rodas Bustamante, Francisco Salgado Ayala, Juan Pablo Muñoz Sanz, José María Bustamante, entre otros.
La Escuela de Música funcionó durante más de dos décadas hasta que, en 1970, el cierre de las universidades estatales dispuesto por el presidente José María Velasco Ibarra y el Decreto No. 409-CH que transfería los conservatorios al Ministerio de Educación, marcó el camino independiente del Conservatorio “Salvador Bustamante Celi”. Años después, un nuevo giro llegó con la creación de la Facultad de Artes en la década de 1980, que restituyó la formación artística superior en la UNL, impulsó la investigación y estableció las bases de la actual Carrera de Artes Musicales.
Hoy, cuando la UNL suma 81 años de impulso a la formación musical, no solo celebra una cronología institucional, sino un legado que se proyecta con fuerza renovada a través del ejercicio de una docencia que atiende las demandas actuales; del fomento de la investigación a través de proyectos que recuperan el patrimonio musical e impulsa la creación artística; y el impulso de la vinculación que lleva la música a comunidades vulnerables donde el arte se convierte en herramienta de inclusión.
Loja, tierra de músicos, recuerda con esta conmemoración que su identidad cultural fue construida por instituciones que nacieron unidas y que, aun siguiendo caminos distintos, continúan conectadas por su historia. Celebrar estos 81 años es, sobre todo, una invitación a mirar hacia atrás con lucidez histórica y, hacia adelante, con responsabilidad colectiva, entendiendo que la riqueza cultural de Loja no se fragmenta por límites institucionales, sino que se fortalece en la memoria de lo que alguna vez construimos juntos.
