Juan Luna
Quilanga, 11 de diciembre 2025
El mundo cristiano vive cada diciembre un tiempo de revisión y reflexión. Un tiempo para detenernos y revisarnos. Un mes para mirar el entorno y contorno de nuestra vida. Un momento para quienes, en sus manos tienen responsabilidades sobre la vida de los demás. Un momento para reiniciarnos, reinventarnos y buscar constantemente vivir en armonía, en paz y en justicia, anuncio de los profetas y que empezó a cumplirse con el nacimiento del Verbo.
Propongo una pequeña guía desde lo humano y de la iluminación divina que nos ayuden a revisar nuestro accionar en relación consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con el Creador y mejorar nuestro proceso de vida en lo personal, en la sociedad y el camino hacia el encuentro lo Divino.
1.Defender la vida desde la no violencia significa observar principios, valores y convicciones que hacen de nosotros seres humanos nobles, dignos, coherentes y responsables universales de lo que tenemos como encargo y es nuestro deber preservar para el futuro de la humanidad.
2.Deconstruir el modelo de vida actual que se sostiene en el capital, en el mercado y en una suma de antivalores que atentan a la dignidad e integridad de la vida.
3.Empezar a edificar las bases de una verdadera fraternidad universal que se sustente en el reconocimiento del otro, valorar las diferencias individuales y colectivas como oportunidad de encuentro y de compartir lo que pensamos, hacemos y vivimos superando el individualismo.
4.Respetar la vida de nuestro territorio es cuidar la naturaleza, es cuidar a nuestra madre tierra, es cuidar el agua, la flora y fauna que nos llena de un sano orgullo, pero, a la vez compromete el accionar, pues, cada vez y con mayor fuerza atentamos a sus derechos.
5.Devolver el valor de la palabra, esa palabra que es coherencia, honor, dignidad y que nos convierte en seres humanos nobles y responsables.
6.Recuperar la centralidad de la fe y el encuentro trascendente. El nacimiento del Verbo es el recordatorio de la Alianza original. Nuestro accionar debe fluir de una reflexión auténtica y de una búsqueda sincera del rostro de Dios lo que significa un reconocimiento humilde de que somos criaturas y no dueños absolutos, devolviendo el primer lugar a la fuente de la Vida y de la Justicia.
El mes de diciembre con su ciclo de Adviento, el Día Internacional de las personas con Discapacidad, la Proclamación Universal de los Derechos Humanos, la celebración de la Navidad y el fin de año nos recuerdan que la paz anunciada no es una utopía inalcanzable, sino una siembra diaria en cada una de las dimensiones de la vida.
Que esta revisión de diciembre no sea solo un ejercicio de introspección, sino el punto de partida para una nueva vida. Si el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, como rezan las Sagradas Escrituras, la armonía y la justicia son posibles aquí y ahora.
Les invito a ser custodios de la vida en toda su expresión: en la dignidad propia, en el rostro del hermano, en la vitalidad de la Creación y en la búsqueda constante de la fuente de vida que nos sostiene. Que esta pequeña guía ilumine nuestro camino y el de la humanidad a afirmar principios, valores y convicciones en defender la vida como esencia.
