A veces es necesario subir al cerro para alcanzar los sueños

Diego Lara León

El fútbol es sin duda mucho mas que un deporte y alrededor de él se tejen oportunidades, negocios, empleo, pasiones y de vez en cuando fenómenos impensados para la actividad diaria de una sociedad.

Hace pocos días en Lima se desarrolló la final de la Copa Libertadores, uno de los eventos deportivos más importantes del continente y del mundo. Lima se vistió de fútbol, la ciudad se convulsionó durante unos días, los hoteles estuvieron llenos, el transporte colapsado, el dinamismo económico a tope. Esta histórica ciudad estuvo en los ojos del mundo.

Pero lo más impactante, más mediático y desde mi punto de vista más enriquecedor, no se desarrolló, paradójicamente, en la cancha del imponente estadio Monumental de Lima, lo más especial de aquella final, se la vivió en el cerro adyacente, allá en la cúspide de aquella polvorienta montaña que se dibuja la silueta de la bella Lima.

Cliver Huamán Sánchez, un adolescente peruano de 15 años de edad, apasionado por la narración deportiva, viajó más de 18 horas desde Andahuaylas hasta Lima para vivir y cubrir la final de la Libertadores 2025 entre Flamengo y Palmeiras. Llegó sin acreditación, y, como era de esperarse, no pudo ingresar al estadio Monumental, pero como la vida a veces está escrita con letras especiales, las puertas que se le cerraron, fueron el detonante para que se le abrieran unas puertas más grandes.

Este niño narrador, no se dejó vencer, inmediatamente se trasladó al cerro San Cristóbal y desde allí relató el partido con un trípode, un celular y un micrófono improvisado, transmitiendo por TikTok. La cámara oficial de la final, mostró a gente viendo el juego desde esa altura y, de pronto, el foco se movió y, ahí estaba, el narrador sin cabina.

Tengo esta manía de buscar enseñanzas en los acontecimientos cotidianos como este. Ahí les va lo que creo se debe reflexionar:

La primera enseñanza es simple y dura: el talento está distribuido, pero las oportunidades no. Cuando un joven tiene que narrar desde un cerro para ser escuchado, no estamos ante una “historia romántica”, sino ante un sistema que filtra por credenciales y contactos antes que por mérito. Las cosas de la vida muchas veces operan como un embudo: muchos sueñan, pocos pasan, y no siempre los que tienen menos oportunidades.

La segunda lección es de mercado: la audiencia premia la autenticidad. Pol Deportes (así se hace llamar Cliver) convirtió una limitación en propuesta de valor. Su relato conectó porque era espontáneo, cercano y sin ningún “manual corporativo”. En términos de estrategia, detectó una necesidad (la cercanía), eligió un canal (las redes sociales) y ejecutó con velocidad (oportunidad). La tecnología no reemplazó el oficio, amplificó el talento que ya estaba ahí; y, de paso, obligó a la industria comunicacional a mirarse al espejo.

La tercera lección es sobre la ética profesional. Aplaudir la perseverancia no implica normalizar la exclusión. Convertir el discrimen en espectáculo es una tentación frecuente en redes, y no deberíamos ser cómplices. El estándar debe ser otro: dignidad, reglas claras, protección del menor y transparencia en el otorgamiento de accesos.

Cuarta enseñanza, movilidad social y territorio. Pol Deportes no surge en una capital ni en una red consolidada; surge en la periferia, en la ruralidad, allá donde el talento suele quedar fuera del radar. Su caso prueba que hoy la voz puede cruzar fronteras con un celular, pero también que la desigualdad sigue determinando quién entra y quién mira desde afuera. La excepción no puede ser la regla, tiene que ser el disparador para rediseñar el acceso y democratizar las oportunidades.

Pol Deportes, dio la vuelta al mundo, y como era de esperarse en estos casos virales, sacó lo mejor y lo peor del ser humano. Desde “profesionales” que lo enviaron a estudiar y pedían sea demandado, hasta buenas personas que lo elogiaron y lo cobijaron por ser perseverante en sus sueños y tener un innegable talento tras el micrófono.

Sin lugar a dudas, el caso de Cliver, demuestra que las personas nacemos con talentos, debemos aprender a descubrirlos, desarrollarlos con pasión y disciplina; y, sobre todo acrecentarlos con conocimiento, con estudio.

Al final, el “caso Pol Deportes” deja una pregunta de liderazgo que ordena prioridades: ¿qué estamos haciendo para que el próximo “Pol” no tenga que narrar desde la periferia? Si respondemos con programas, presupuestos, métricas y alianzas, y no solo con aplausos, estoy seguro que convertiremos una viralidad en un modelo replicable y escalable.

¿Cuándo fue la última vez que tuvimos un sueño y subimos al cerro para conseguirlo?

@dflara