El mejor regalo

Fernando Oñate

La navidad se acerca. Por todo lugar se observan las luces, las decoraciones navideñas, no faltan las representaciones del nacimiento, ni aquel personaje inventado por una transnacional de bebidas carbonatadas. Más de uno estará preocupado por los regalos y otros tantos estará estirando la sábana más de lo que se puede para comprarlos, aprovechando el “compre ahora y pague después”. Algunos harán buenas obras, otros simplemente pasarán este tiempo trabajando y muchos festejarán sin tener ni cerca a aquél se recuerda en estas fechas. Lo cierto es que para muchos este es un tiempo de festejar y no comprenden su verdadero significado.  

La navidad marca el inicio de un plan divino sin precedentes, es el momento en el que Jesucristo vino a nosotros para darnos un regalo insuperable: la salvación. Cristo Llegó de una manera única, irrepetible (Lucas 2: 1 – 20) cumpliendo las profecías que sobre su venida se habían hecho siglos antes. El profeta Isaías ya lo anunciaba cuando escribió “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9: 6-7).

Ese niño es el Hijo del Dios Vivo, y los que lo conocemos lo llamamos Admirable por su bondad, su capacidad para amar, su sensibilidad, su humildad, su dominio propio, porque siempre ayudó a los necesitados, consoló a los afligidos, sanó a los enfermos, se entregó sin reservas a los demás. Su compasión y empatía no conocían límites. Entregó hasta la última gota de su sangre por nosotros los pecadores y la muerte no pudo retenerlo en la tumba (Hechos 2:24). En estos tiempos tan difíciles es el Consejero por excelencia. Él tiene la palabra justa y oportuna, un solo acento de sus labios transforma vidas. “Y reposará sobre él el Espíritu del Señor; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del Señor” (Isaías 11:2) y es que Jesucristo es un Dios Fuerte capaz de sanar enfermos, dar vida a los muertos, vencer los poderes de las tinieblas por esto “toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor» (Filipenses 2:10-11);  a la vez, es un Padre Eterno lleno de amor y misericordia, un Padre íntimo, personal, que ama a cada ser humano como algo precioso y único, aquel Padre que es “el buen pastor que da su vida por sus ovejas” (Juan 10:11) y finalmente es el Príncipe de Paz, que nos da la paz con Dios al reconciliarnos con el Padre, con los hombres rompiendo nuestros paradigmas y con uno mismo al darnos la paz distinta a la que el mundo da (Juan 14:27).

Jesucristo es el mejor regalo en navidad. Compártelo.