Los movimientos sociales y la construcción de la democracia

luis_pineda47@yahoo.es

Durante la última década, los movimientos sociales han cumplido dos funciones que nos parecen importante destacarlas.

Desde un lado, han sido los ejes de las luchas por reivindicar los derechos de toda la población de nuestro querido Ecuador, frente a las políticas neoliberales de los diferentes gobiernos de turno.

Desde otra perspectiva, se han convertido en los espacios para construir una democracia más allá del voto, pues se han convertido en escuelas de educación política, donde se aprende a reflexionar sobre los procesos democráticos y, además, se proponen proyectos políticos que aporten a la construcción de una democracia para todas y todos.

Los movimientos sociales han desnudado el papel del Estado burgués que, como opina Hervi Lara Bravo (chileno): “El Estado ha dejado de lado su responsabilidad como garante de los derechos económicos, sociales y culturales, lo que lleva a que los pobres se perciban a sí mismos como culpables de su propia situación… El individuo ha sido puesto por encima de la persona como ser social”.

Frei Betto, nos aporta algunas reflexiones para profundizar sobre el tema:

“Si no se acuerda del nombre del político a quien votó en las últimas elecciones, y mucho menos lo que hizo (o deshizo), ¿cómo va participar en las decisiones nacionales? Por eso nuestra democracia sigue siendo meramente representativa. Se le da un buen empleo a un político. Sin darse cuenta de que son resultados directos de la política el precio del pan, la mensualidad de la escuela, la calidad de vida, el precio del alquiler y la posibilidad de unas vacaciones.

Ser ciudadano es entrar en un nudo de relaciones. Desencadenar un proceso socioeconómico con efectos en la calidad de vida de la población. Es sencillo: cuando se pide una factura se evita la economía subterránea y aumenta la recaudación fiscal que, al final de cuentas, permite al gobierno invertir en equipamiento y servicios esenciales para una vida mejor: carreteras, hospitales, escuelas, seguros… Cuando se le niega la propina a un agente se contribuye a moralizar el aparato policial. Cuando se protesta contra la violencia y la pornografía televisivas, exigiendo que la sociedad controle el contenido de la televisión y deje de consumir productos de los patrocinadores antiéticos (no se confunda con la censura, practicada por los dueños de las emisoras), se ensancha el proceso democrático.

Ciudadanía supone pues conciencia de responsabilidad cívica. Es como la parábola del niño que, en la playa, devolvía al mar uno tras otro los pececitos que la marea había arrojado a la arena. Alguien le dijo: «¿Qué adelantas con eso? No vas a poder salvarlos a todos». A lo que el niño respondió: «Ya lo sé. Pero éste -y le mostró un pececito que bailaba en su mano- estará a salvo». Y lo devolvió al agua.

Muchos se quejan de que el mundo va mal, que el gobierno es incompetente, que los políticos son oportunistas; pero ¿qué hago yo para mejorar las cosas? Nada más ridículo que la persona que se queda sentada, erigiéndose en juez de todo y de todos.

El dilema es educar para la ciudadanía o dejarse «educar» por el consumismo, que rima con egoísmo.”