Efrén Sarango
Sicariatos que dan miedo
diariamente se producen,
y los miedos nos conducen
a vivir con más recelo.
Estos tiempos tan cambiantes
nos desarman la estructura,
voy y vengo en desventura
entre bala y fulminantes.
La tarifa, en muchos casos,
no es tan cara ni exigente,
se negocia tan de frente
y se sella con abrazo.
Dice ellos, los sicarios,
que es trabajo peligroso
y que lo hacen temerosos
por ganarse unos “denarios”
El problema, mis bonitos,
es que muchos se equivocan
y dolores nos provocan
en el fondo del shunguito.
Nos disparan de repente
y las balas se endurecen,
nos traspasan, envilecen
y la sangre llega urgente.
Sicariatos por noventa,
por ochenta, mil doscientos,
setecientos, cuatrocientos;
inclusive, hasta por treinta.
Sicariatos contra el rico,
contra el pobre, contra el viejo,
contra sabios y pendejos,
contra profes y milicos.
Hay escuela de sicarios
dicen muchos periodistas
en la radio, en las revistas
donde entrenan muy a diario.
Caminamos al acecho
de las balas asesinas,
que se cruzan repentinas
por las calles, por los techos.
