POR RUY FERNANDO HIDALGO MONTAO
Estamos viviendo los primeros días del 2026 y como es habitual los propósitos abundan, los hay desde los simples como hacer ejercicio, hasta los de índole material como comprarse un carro o una casa nueva, esas metas son plausibles dado que el afán de superación ha sido desde siempre un buen compañero de camino para la humanidad, de no ser así, no estaríamos disfrutando de los numerosos beneficios que ha traído consigo el progreso, tales como la tecnología, los avances médicos, los medios de transporte que ahora son más rápidos que antes solo por mencionar algunos de los más notorios adelantos del hombre en este tiempo.
No cabe duda que nos hemos desarrollado en varios aspectos, pero yo pienso que en otros estamos involucionando y lo penoso es que hemos retrocedido en partes esenciales de la convivencia, basta ver lo descompuesta que está la sociedad actual para darnos cuenta de que se ha agudizado la preocupante ausencia de valores en todo el tejido social en todo el mundo, por medio de la tecnología somos mudos y asombrados testigos de hechos deleznables protagonizados por el hombre cuya lista parece interminable, sucesos que dan la pauta de que la maldad humana no tiene límite, hechos que nos dejan atónitos buscando explicación a lo inexplicable. La codicia, la envidia, el ego desenfrenado son causantes de que el ser humano atente contra sus semejantes y contra la naturaleza que es lo peor, el planeta está a punto de colapsar por la explotación desmedida para satisfacer la ambición de unos pocos líderes mundiales que han cambiado el orden planetario en función de sus intereses a ellos para nada les importa la pobreza creciente con trajes de hambre y miseria.
En este año quisiera que entendamos que la vida es un ratito y que por mucho que acumulemos riquezas no nos llevamos nada al partir, en cambio las riquezas del alma esas prevalecen mucho más allá de nuestros días, la soledad que aliviamos, el tiempo que compartimos, las palabras que escuchamos, lo tolerantes que fuimos, el perdón que dispensamos, las disculpas que ofrecimos. Todo esto se convertirá en los recuerdos que sembramos en quienes nos conocieron, la vida es un ratito, pero a ese ratito hay que hacerlo lo más bello e inolvidable posible para uno mismo y para los demás.
¿Cómo conseguirlo? Abrazando más, agrediendo menos, sonriendo perdonando, sintiendo menos rencor, privilegiando el amor. Como dije la vida de un soplo del destino se te acaba cuando menos lo esperas, por eso es bueno tener guardado buenas acciones en la despensa en tiempos de guerras y muerte.
