Aprender a escribir

Luis  Antonio Quizhpe

La escritura, como cualquier otra actividad intelectual se la cultiva. El escritor no nace, se hace con la práctica diaria, cotidiana, constante, perseverante, aunque si requiere de ciertas cualidades innatas como sensibilidad estética, mucha imaginación, habilidad lingüística, cultura general y profunda emoción, porque como manifiesta Espinoza Alejandro y otros “la escritura es un instrumento de interacción social y construcción cultural situada en un contexto”.

Si consideramos que la escritura es un don, o sea la facilidad de expresar lo que se siente, sería tan natural en el hombre como el don de hablar. Pero la escritura más que don, es el arte de escribir bien y como tal es una disciplina que combina el dominio del lenguaje, la claridad de ideas y la corrección formal para comunicar con eficiencia, lo que implica práctica, orden, concisión y el uso adecuado de la gramática, la ortografía, a fin de que el texto correctamente escrito provoque una sensación estética.

Entonces, toda persona que tenga medianas aptitudes y algunas lecturas puede escribir, si se aplica, si le interesa el arte, si le mueve el deseo y la voluntad de expresar lo que ve, lo que escucha, puede pintar con palabras lo que siente. Escribir implica todo un proceso que aumenta las capacidades creativas de cada ser. Y todo esto es mental, porque el cerebro activa las funciones relacionadas con la revisión y reorganización de los pensamientos, ayudando a vivir las emociones de manera serena. Inclusive muchas veces sirve de desahogo cuando tenemos sentimientos ambivalentes, desencontrados, ira o enojo.

¿Se puede enseñar a escribir? Creo que no, porque quien escribe concibe un estilo, y el estilo es un don. Se posee o no, porque cada uno siente como puede. Escribir es cuestión de contar con un 99% de transpiración y un 1% de inspiración, y no se puede enseñar a tener estas dos cosas. Pero si se puede aprender a componer un texto, a crear las palabras, a expresarse, a inventar un estilo personal, gracias a las cualidades innatas, poniendo interés, dedicación, entrega, voluntad, amor.

Pero, hay algo de lo que no se puede perder de vista. La lectura es la base del arte de escribir. Quien no lee y quien no escucha es incapaz de conocer sus fuerzas y siempre ignorará lo que puede producir. La lectura puede despertar a ese león dormido que quiere gruñir con palabras. Como diría Nazareth Castellanos, con la lectura tu cerebro se transforma, no de forma abstracta o metafórica, sino de manera literal, física, mensurable. A cada página que recorres, circuitos neuronales que antes no existían comienzan a formarse, regiones distantes del cerebro entran en diálogo y tú, sin saberlo, te conviertes en una persona distinta de la que antes fuiste.

En fin, la habilidad de la escritura se la cultiva con lectura, con vivencias gratas o no, imitando, parafraseando, intertextualizando, Por lo general, después de la lectura se manifiestan vocaciones literarias, las delicadezas de la inteligencia se despiertan, la imaginación se mantiene en un estado de inspiración, opera la asimilación; lo cognitivo se operativiza con lo emocional.