Luis Antonio Quizhpe
Insistimos que la lectura es la base del arte de escribir y por ende de la creación del estilo. Con mucha razón Antoine Albalat dice: “La lectura disipa la avidez, activa las facultades, descrisalida la inteligencia y pone en libertad a la imaginación (…) La lectura es el gran secreto. Lo enseña todo, desde la ortografía hasta la construcción de las frases”. Entonces, quien no lee es incapaz de conocer sus fuerzas y siempre ignorará de sus capacidades.
Si el escritor se hace, también el estilo se lo construye mediante un proceso extenso de descubrimiento y perfeccionamiento cotidiano, donde se refleja la personalidad, vivencias, combinando técnica y autenticidad a través de la lectura constante, la práctica, la experimentación y el autoconocimiento, buscando siempre la claridad, concisión y sencillez para desarrollar una voz inconfundible. No se trata de imitar a otros autores, sino de construir su propio don, capaz de que sea distinguido por ello.
El estilo se soporta en algunas líneas disciplinarias como: Leer sin parar, revisando a diversos autores y géneros para entender cómo logran efectos particulares. Practicar y experimentar, es decir, escribir con frecuencia, a fin de probar diferentes enfoques y géneros. Conocerse a uno mismo, reflejando la propia perspectiva. Aprenderse la técnica hasta el dominio de reglas gramaticales y de escritura, siempre aportando un «toque distintivo». Ser conciso y claro, buscando la sencillez y claridad en los recursos de la lengua. Escuchar y pedir opinión a los interlocutores, capaz de que se produzca un feedback.
Entonces el estilo es la firma personal, la “huella dactilar” en la escritura, sin disfraces ni trucos, lo que hace única a la persona. Se lo construye con el tiempo, en un largo camino y se lo pule con práctica y reflexión, no se logra de la noche a la mañana. ¡Cuidado! No se trata de imitar o plagiar a los autores favoritos, sino de encontrar la propia música y cadencia. El estilo emerge cuando se deja de buscar influencias y se escribe con voz auténtica, integrando la sensibilidad, vocabulario, ritmo y visión del mundo para crear un escrito original.
Obviamente el estilo quedará impregnado en el escrito que practique cada uno. Por lo que su sello estará presente en un texto narrativo, expositivo, descriptivo, argumentativo, científico, persuasivo, literario, periodístico, o de cualquier otra índole, porque como diría Heber Sánchez: “Un estilo sólido, más que de la intención de ser distinto, nace de la fidelidad a una voz propia que se forja con paciencia y constancia. Y se alimenta de tres pilares esenciales: lectura, práctica y autoconocimiento”.
En fin, Miguel Núñez y otros no dice que: “El estilo de un escritor es algo así como su firma, un resumen de todos estos gestos fabricados de palabras, algo hecho de todas sus elecciones y todas sus renuncias, algo que procede de su propia esencia, pero también de su esfuerzo sostenido. Porque, aunque todos tenemos nuestra propia voz, no todas son inolvidables”.
