P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ
El Papa Francisco invitaba a los líderes cristianos a salir del círculo de comodidad para que conozcan la otra cara del mundo, la de los marginados y gente sencilla, de aquellos que no tienen voz ni voto en un mundo globalizado. La opción preferencial por los pobres, a la luz de la Palabra de Dios, no es una doctrina, ni una ideología, tampoco una oportunidad para manipular conciencias con fines funestos. Jesús nació en un lugar pobre, cuyos testigos, los pastores, formaban parte de los “marginados sociales”. José y María, presentaron en el Templo las ofrendas más humildes, en nombre de su pequeño niño. Jesús, cuenta San Lucas, crecía en estatura, gracia y sabiduría ante Dios y los hombres.
La Familia de Nazaret volvió a su tierra y continuó con su rutina diaria. Las experiencias más gratas son aquellas que se viven en la sencillez, en lo ordinario. Jesús compartió la alegría de vivir entre la gente muy ignorada. Perdonó a la pecadora pública, María Magdalena, visitó el hogar de Zaqueo, sanó a la hemorroísa, lloró por la muerte de su amigo Lázaro, navegó con los doce. Sufrió el abandono y la traición de algunos de sus discípulos. Jesús entiende el concepto de la palabra “bienaventurado” o “dichoso”. Invita a los niños a que se acerquen a Él, porque “de ellos es el Reino de los Cielos”. Jesús comparte el grito de libertad de los ciegos, paralíticos y leprosos, porque podrán rehacer su vida sin impedimentos legales y religiosos.
De Jesús podemos aprender a valorar la simplicidad de los cinco panes y dos pescados. Las canastas que contenían la comida que sobró de la multiplicación de los dones son el signo de plenitud y de gratitud: todos quedaron saciados. Para su amor no hay imposibles. Todo lo entrega. Nos enseñó a dar gracias al Padre, a dirigirnos a Él con confianza, a escuchar y predicar con autoridad, a consagrar a Dios su obediencia en la cruz: “Todo está cumplido…en tus manos encomiendo mi espíritu”. Los bienaventurados deben “ir por todo el mundo” y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, porque Él es el Verbo que se hizo carne. Después de su muerte y resurrección, el Evangelio se expandió por todos los confines de la tierra.
La mayor parte de los discípulos entregó su vida, en un martirio glorioso, pronunciando el nombre de quien irradió luz y esperanza. Jesús, comunica su poder para tener vida y en abundancia a los pobres de espiritu, a los mansos, a los que lloran, a quienes tienen hambre y sed de justicia, a los misericordiosos, a los limpios de corazon, a los que trabajan por la paz, a los perseguidos: “Bienaventurados, ustedes cuando los insulten, persigan y calumnien, de cualquier modo por mi causa”. Recibiran la recompenza en el cielo.
San Agustín comenta acerca de las bienaventuranzas: “Si alguno con fe y con seriedad examinara el discurso que Nuestro Señor Jesucristo pronunció en la montaña, como lo leemos en San Mateo, considero que encontraría la forma definitiva de vida cristiana, en lo que se refiere a una recta moralidad”. Bienaventurados quienes aman de verdad.
