Luis Jaramillo y María Fortunata Cueva: legado de luz  y huella inmortal en Loana

Quilanga, 05 de febrero de 2026

Juan Luna

Hay nombres que el tiempo no logra borrar porque quedaron grabados en el adobe y en la memoria del alma. Luis María Jaramillo Jiménez (1909-1959) y María Fortunata Cueva Rojas (1919-1958) fueron hijos ilustres de nuestro cantón; agricultores de manos firmes y almas generosas que hicieron del trabajo una oración y de la amabilidad su bandera. Aunque los años han pasado, el barrio Loana custodia sus nombres como un tesoro compartido por los pocos testigos que aún narran su ejemplo.

Relatar la vida de Luis y María es hablar de una familia prolífica y valiente. Padres de nueve hijos —Luis Antonio, María Elena, Berta, Alcides Galecio, José Salvador, Emma Mercedes, Franco Bolívar, Mario y Blanca Livia— supieron sembrar en ellos la semilla de la superación. Hoy, esa descendencia Jaramillo-Cueva florece en ciudades como Santo Domingo, Nueva Loja y Quito, llevando consigo el sello de sus raíces quilanguenses.

La historia de este matrimonio revive hoy con especial fuerza gracias a la restauración de la antigua escuela del barrio Loana. Este proyecto, liderado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) Zonal 7, no solo rescata la arquitectura vernácula de adobe, madera y teja, sino que devuelve la dignidad a un espacio que nació de la pura voluntad comunitaria.

Recuperar este recinto es, en esencia, inmortalizar a sus donantes. En 1950, Luis y María, movidos por una visión transformadora, contrataron al primer docente particular, don Carlos Jumbo Jumbo, dando inicio a la construcción de la escuela hace ya 76 años. El propio maestro Jumbo recordaba en sus escritos: “El uno de mayo de 1950… se procede a la inauguración de la escuela sin nombre”, un acto que congregó a familias enteras bajo el sueño común de la educación.

La hoy casa comunal no solo fue un aula; fue el refugio de la espiritualidad de Loana, acogiendo la catequesis y las eucaristías en honor a Cristo Pobre. Aunque la familia Jaramillo-Cueva tuvo que emigrar temprano, su esfuerzo quedó sellado en el portal de aquella casa. Allí, una placa colocada por sus descendientes recuerda que su amor por la educación fue el terreno fértil donde se construyó el futuro.

Don Luis, doña María y su descendencia son el fiel reflejo de que la mayor riqueza de nuestro cantón es su gente. Recordarlos nos da la certeza de que somos herederos de seres humanos extraordinarios. Ellos son ejemplo de luz para seguir construyendo, con la misma nobleza, el Quilanga de nuestros sueños.

La historia sigue su ritmo, marcada indeleblemente por la huella de prohombres y mujeres que al recordarlos impulsan el camino hacia el futuro en donde cada adobe restaurado y en cada niño que hoy se educa en nuestro cantón, late la visión de estos esposos que supieron amar a su tierra más allá de su tiempo.