Luis Antonio Quizhpe
Se entiende por empatía al esfuerzo de reconocer y comprender los sentimientos y actitudes de los demás y las circunstancias que les afectan en un momento dado. Ignacio Morgado, destaca que “la lectura es la mejor gimnasia posible para nuestro cerebro a cualquier edad. Nos estimula, nos proporciona bienestar, placer y nos enseña a entender mejor al otro, a ponernos en su piel y, por ende, a convivir mejor en sociedad”, si es que es oral, mejor. Es decir, la lectura nos enseña empatía.
Claro que leer es una actividad beneficiosa para el cerebro. Zambullirse en una historia requiere poner en marcha una serie de procesos mentales, como la percepción, la memoria, el razonamiento… y eso resulta un entrenamiento excepcional para el cerebro. Entonces, leer literatura o textos que sean de su predilección transforma a las personas al permitirles «caminar en los zapatos de otros», lo que resulta en mejores relaciones y convivencia.
La lectura, especialmente de ficción, fomenta la empatía al permitirnos explorar emociones, motivaciones y vidas ajenas, entrenando al cerebro para comprender perspectivas distintas a la nuestras. Este hábito mejora la «teoría de la mente», es decir, entender los sentimientos ajenos, porque los otros tienen creencias, deseos y perspectivas distintas a las nuestras, lo que reduciría sesgos y fomentaría el compromiso y la comprensión social.
Claro que no solamente los textos de ficción provocarían la empatía. Más bien depende de los hábitos y las experiencias lectoras. Habrá lectores que gustan de textos de terror, románticos, históricos, poéticos, místicos, religiosos; otros de grandes biografías, de desarrollo personal, de esoterismo, de ciencia, de deporte. Todo depende de las preferencias lectoras y por su puesto del hábito adquirido, es decir, estamos hablando de personas adentradas en el mundo del libro y la lectura.
En resumen, la lectura, pero no solo de literatura transforma a las personas al ponerlos a «caminar en los zapatos de otros», lo que resulta en mejores relaciones y convivencia social. Por ello, una persona leída no es cualquiera, porque ha desarrollado su inteligencia, su memoria, su razonamiento, sus capacidades intra e interpersonales, se relaciona y se adapta a cualquier persona o grupo, siempre con seguridad y firmeza, pero, ante todo, con humildad y buenos modales. Es decir, ha desarrollado la empatía en base a sus múltiples lecturas.
