LO RECONOCIERON AL PARTIR EL PAN

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ 

Los relatos de la vida de Jesús que narran los autores del Nuevo Testamento han dejado huellas imborrables en nuestra historia. Sus pasos por los caminos de su pueblo son acontecimientos con una permanente actualidad. San Lucas, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, presenta el discurso de Pedro ante los Once, sin Judas el traidor, en el que recuerda que Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante los hombres, mediante milagros, prodigios y señales que Dios realizo medio de Él y que todo el mundo conoce. La muerte de Jesús, clavado en una cruz, abrió el horizonte de salvación.

La resurrección rompió las ataduras de la muerte. Pedro recalca, al final de su narrativa, la importancia de su testimonio. Llevado a los cielos por el poder de Dios recibió por el poder de Dios el Espíritu Santo prometido y lo ha comunicado para que todos escuchen y vean. La naciente comunidad cristiana vive la experiencia de Pentecostés. Ellos, que permanecían encerrados porque tenían miedo, reciben la fuerza del Espíritu Santo y se lanzan a una nueva aventura, a anunciar a Cristo Resucitado. San Lucas ha reconstruido, gracias a su prolija investigación, un relato que muestra varios rostros de un hecho que conmocionó a la humanidad. El domingo, día de la resurrección, dos discípulos van de camino a un pueblo llamado Emaús.

Comentan, a su manera, todo lo que había sucedido. En el desarrollo de su conversación aparece otro compañero de viaje. Un hombre a quien no conocen, que les pregunta: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”. La respuesta de uno de ellos, llamado Cleofás, acentúa la dinámica del diálogo: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido en estos días en Jerusalén?”. El forastero respondió con una nueva pregunta: “¿Qué cosa?”. El relato continúa con una profundización en el acontecimiento “Jesús de Nazaret”. Entre el desconcierto, la crisis y la duda, Jesús refresca su memoria.

Sus palabras, una catequesis compacta con fundamentos basados en la Sagrada Escritura, actualiza el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento: “¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y que entrara en su gloria?”. Jesús, ante la invitación de sus compañeros, decide quedarse con ellos para compartir el pan. San Lucas narra el momento que ilumina el relato:”Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio”. A Jesús lo reconocieron en la fracción del pan. Sus ojos, cegados por la nostalgia y el desconcierto, se abren por la existencia de una nueva luz, tan verdadera como el día de la resurrección. Jesús desaparece, parece ausente, pero seguirá vivo en su camino de fe.

La reacción de los discípulos de Emaús, sencilla y fervorosa, trasciende: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”. Ellos, llenos de una humilde devoción, deciden volver a Jerusalén. Contarán  la verdad que ha cambiado su vida: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simon”. Jesús, como siempre, camina entre todos. Nos invita a reconocerlo al partir el pan.