Luis Antonio Quizpe
En el tema anterior sostuve que hay infinidad de obras literarias que de manera muy hábil reflejan, no solo de uno, sino cientos de valores, como es el caso de El flautista de Hamelín, cuya autoría se atribuye a los hermanos Grimm. Es un cuento clásico de la literatura infantil que encierra en sí muchos valores y antivalores también. En él detallaré el valor de la autoestima, impregnada en el flautista misterioso que se aparece en la ciudad por arte de magia, justo cuando los habitantes eran diezmados por la plaga de roedores.
Ante el inesperado suceso el pueblo se reunió con el alcalde y concejeros de Hamelín para buscar la manera de acabar con estos animales dañinos y luego de horas de discusión no encontraron la solución en tanto que las ratas desafiaban a los perros, perseguían a los gatos, se escondían debajo de las camas, en los armarios, en las despensas y hasta robaban enteros los quesos para luego comérselos, sin dejar una sola migaja.
Terminada la infructuosa reunión, los presentes oyeron algo inesperado. En la puerta del Concejo Municipal sonaba un ligero repiqueteo y entró en la sala el hombre sumamente extraño. “Llevaba una larga capa formada por recuadros negros, rojos y amarillos. Era alto, delgado y con brillantes ojos azules, portaba una sonrisa que contagiaba a todos, como si se hallara entre viejos amigos”.
El hombre raro les dijo que toda Alemania sabe que Hamelín tiene un problema con las ratas. Si ahuyento a todas, ¿cuál sería mi recompensa? El alcalde se quedó atónito por un momento. No podía creer que el estrafalario hombre pudiese liberarlos del problema. Sin embargo, como el asunto era de vida o muerte, “diez monedas de oro del tesoro municipal” ofreció el alcalde.
Hecho el trato el flautista desde la calle tomó una flauta que llevaba colgada en el cuello y comenzó a tocarla. En todos los rincones de Hamelín podía escucharse una hermosa melodía. De repente hubo un estruendo y miles de ratas llegaron desde todos los rincones siguiendo el sonido que provenía de la flauta. El artista se dirigió hacia el río y todas las ratas, ratones y ratoncitos se zambulleron en sus aguas quedando atrapadas en la corriente.
El flautista fue a cobrar por su trabajo, pero los munícipes y el alcalde habían cambiado de opinión. Consideraron que era exagerado pagar 10 monedas por tocar la flauta y decidieron pagarle solo una. Él los miró y se marchó a la calle, desde donde sacó su flauta y comenzó a tocarla. Esta vez la melodía era diferente, pero hermosa. Todos los niños y niñas de Hamelín salieron de las escuelas, de las casas y siguieron al flautista bailando, cantando y aplaudiendo, pasaron el río y desaparecieron para siempre del pueblo.
El valor de la autoestima está encarnado en el flautista, quien sabía de lo que es capaz, estaba seguro que con sus cantos podría acabar con todos los ratones del mundo y llevarse a los niños a otros planetas. Es decir, poseía una eleva autoestima. En tanto que los concejeros y el alcalde denotan vano orgullo, avaricia, egoísmo, desconfianza, deshonra a la palabra; y, por tacaños y faltos de honor fueron los culpables de que la ciudad quedara desolada, sin un solo niño.
