Habilidades y competencias del lenguaje desde la inteligencia humana y la IA

Galo Guerrero-Jiménez

Las cuatro habilidades del lenguaje: hablar, escuchar, escribir, leer; e incluso las competencias: lingüística, sociolingüística, pragmática, discursiva, estratégica e intelectual, se desconfiguran si el estudiante, el profesional o cualquiera persona que ocupa un oficio determinado y se escuda en la inteligencia artificial solo para copiar la información, lo que está  haciendo es anular su condición humanística para ejercer su pensamiento desde el quehacer metalingüístico a través de su cognición, la cual es la encargada de procesar la información que escucha, lee o escribe para que pueda ubicarse en el mundo, en su comunidad, e interactuar con él y consigo mismo desde el conocimiento más granado: racional, emocional, e incluso, espiritualmente.

Por supuesto que, las pantallas digitalizadas, en la práctica, le sirven al internauta para actuar con diligencia buscando información en todas las plataformas que le sea posible, consumiendo, interactuando y produciendo contenidos, pero si no lo hace cognitivamente, es decir, pensando y meditando sobre lo que en la pantalla le aparece, resulta que al interactuar con el mundo, si se trata de conversar, aunque sea desde la trivialidad, el internauta lo hace; si se trata de escribir y de leer, también lo hace, pero, desde el mundo de la inmediatez porque la sobrecarga de información no le permite darse un tiempo prudencial para pensar: su poder de concentración y de atención, desaparece, y con ello se suprime o se elimina su condición de ente pensante. Pues, como señala Ernst Cassirer: “Sin introspección, sin una percepción inmediata de los sentimientos, emociones, percepciones, pensamientos, ni tan siquiera podríamos definir el campo de la psicología humana” (2011, pág. 16) de ese internauta que, al no procesar cognitiva ni hermenéuticamente la información, su accionar humano se despabila.

Desde luego que, en el caso de la lectura, “no nacimos para leer. Los seres humanos inventamos la lectura hace apenas unos milenios. Y con este invento modificamos la propia organización de nuestro cerebro, lo que a su vez amplió nuestra capacidad de pensar, que por su parte alteró la evolución intelectual de nuestra especie” (Wolf, 2007, pág. 19), al extremo que, nuestra condición humana para entender el mundo desde la lectoescritura ha sido de altos resultados intelectuales para dejar constancia del conocimiento desde el poder de la imaginación a través de la ficción, del arte, de la cultura, de la ciencia y del humanismo más labrado que espiritual y emocionalmente ha quedado consagrado para seguir engrandeciendo nuestro patrimonio lingüístico y altamente pensante.