Carmen del Cisne Morocho Morocho
Cel.0994558899
Una clase demostrativa de 30 minutos jamás podrá reflejar la verdadera realidad que vivimos los docentes día a día en las aulas.
Detrás de cada planificación existen retos, dificultades, emociones y el compromiso constante de guiar a nuestros estudiantes, incluso en medio de situaciones complejas con padres de familia, necesidades educativas diversas y múltiples responsabilidades.
La grabación de una clase no evalúa los años de experiencia, la vocación, la paciencia ni el esfuerzo silencioso que cada maestro entrega diariamente.
No muestra las horas de preparación, el cansancio acumulado, ni el amor con el que se enseña aun cuando las condiciones no siempre son las mejores.
Ser docente no es actuar unos minutos frente a una cámara.
Ser docente es acompañar procesos, escuchar, motivar, comprender y transformar vidas cada día.
Hoy muchos docentes vivimos procesos evaluativos cargados de presión, trasnoches y agotamiento, intentando cumplir con cada requisito después de largas jornadas de trabajo en las instituciones educativas.
Mientras otros descansan, miles de maestros continúan planificando, grabando clases, preparando evidencias y estudiando, sacrificando tiempo con sus familias, horas de sueño y hasta momentos importantes de su vida personal.
Y surge la pregunta…
¿Hasta qué punto desean evaluar las autoridades del Ministerio de Educación?
¿Buscan medir conocimientos, liderazgo, vocación o simplemente la capacidad de soportar el cansancio y la presión constante?
Porque detrás de cada docente existe también un ser humano que siente, se preocupa y lucha diariamente por brindar una educación de calidad pese a las múltiples dificultades que enfrenta. Muchas veces trabajamos con recursos limitados, atendiendo distintas necesidades de aprendizaje y tratando de cumplir con cada exigencia administrativa sin descuidar el bienestar de nuestros estudiantes.
Aun así, seguimos adelante con compromiso y amor por nuestra profesión, porque sabemos que enseñar no es solamente transmitir conocimientos, sino dejar huellas positivas en la vida de cada niño, niña y adolescente.
