El valor del arte musical en la crónica «Poncho de esperanza»

Luis Antonio Quizhpe

El arte en general es la expresión de los seres humanos que abarca cualquier actividad de manera creativa y estética en la que las personas plasman sus emociones, sentimientos y percepciones mediante diversos recursos como la música, pintura, escultura, arquitectura, danza, literatura, cine. El arte es parte de la vida de una sociedad porque fortalece la identidad, la educación, el bienestar y el desarrollo económico, además de impulsar la inventiva, el pensamiento crítico, la inclusión y la transformación social.

El arte es un canal eficaz de comunicación, cohesión social y desarrollo humano. Es una herramienta fundamental para expresar realidades sociales, culturales y políticas, permitiendo que diferentes generaciones y grupos encuentren puntos de relación y diálogo. Además, a través de expresiones artísticas diversas, la sociedad puede mirar hacia su pasado, analizar su presente y proyectar un mejor futuro, construir la identidad y memoria colectiva, mediante la formación integral de niños y jóvenes, desarrollando en ellos habilidades cognitivas, emocionales que les permita estimular la creatividad, la sensibilidad y el análisis crítico.

El arte de la música de suyo es importante porque estimula áreas del cerebro relacionadas con la emoción, la memoria y el placer, produciendo un impacto emocional y sicológico, por medio de las canciones y melodías que actúan como espejos y reguladores de nuestros sentimientos alegría y energía, relajación y melancolía y hasta catarsis. Este espectro destaco en la crónica “Poncho de esperanza”, escrita hace más de 20 años.

En 1978 el grupo de canción de la UNL, “Francisco Cumbicus” participó en el festival nacional de música protesta denominado Rosa de Agosto, en Guayaquil con grupos nacionales como “15 de Noviembre” de Quito, “Fernando Daquilema” de Ambato, “Víctor Jara” de Machala y “Chumichasqui” del puerto principal. El Cumbicus de Loja estaba integrado por Lalo Bravo, Pepino Moreno, Calobeto Aguirre, Pepe Íñiguez, Hugo Ortega y Miguel Marín.

Llegada la hora, el Francisco Cumbicus de Loja, invadió al jurado y al ambiente costeño con: «Campesino, campesino/ campesino del arado/ Campesino, campesino/ a la lucha y a la unión/ que nosotros somos mucho/ y uno solo es el patrón». Con esta canción sencilla, pero de profunda connotación social, la suerte estaba echada. Loja y la U habían echado raíces en el contexto nacional con música social.

El grupo puso a la orden del jurado y al público este valor artístico, a través de los instrumentos andinos y las voces corales pletóricas de sentimiento y con una dicción perfecta que solo los lojanos suelen hacerlo. Y claro que combinaron otros valores como la autoestima, la creatividad, la sensibilidad, la sobriedad y la perfección, más propiedades musicales como el compás, ritmo y melodía, para conseguir los aplausos y el triunfo.