Leonardo Chamba H.
Con motivo del primer feriado de mayo, con unos familiares recorrí la carretera entre El Cisne y Portovelo, que el año pasado ya lo efectué, pero en sentido inverso; sin embargo, fue deplorable observar que la vía continuaba totalmente desatendida. En esta ocasión, pude notar que, a pesar del pésimo estado de la calzada, muchos vehículos particulares circulaban, debido al turismo religioso por las visitas del mes de mayo al santuario de la Virgen del Cisne. Desde El Cisne hasta el barrio Ambocas, que es el límite entre las provincias de Loja y El Oro, la distancia es de alrededor de 22 km, pero el camino carrozable es en tierra, mientras que en lo que corresponde al tramo en la provincia de El Oro es con carpeta asfáltica.
Pernoctamos en el centro de Curtincapac, y al siguiente día visitamos la cabecera cantonal de Portovelo, que a los lojanos nos trae muchos recuerdos. Pues, según la historia, en 1896 la empresa South American Development Company (SADCo), de origen norteamericano, inició sus operaciones mineras en el área, y creó lo que se llamó el Campamento Minero de Portovelo. Y fue a este lugar geográfico, al que, desde principios del siglo XX, acudió un vasto número de personas de las parroquias y cantones lojanos, con el afán de trabajar en el entorno minero. Por ende, el pequeño valle, cuyo nombre original fue Curipamba, y posteriormente denominado Portovelo, gradualmente se transformó en un poblado de gran movimiento comercial. En 1950 la compañía estadounidense cerró sus operaciones y abandonó Portovelo; sin embargo, la minería no decayó, ya que ese mismo año se creó con capitales locales la Compañía Industrial Minera Asociada-CIMA, la cual operó hasta los primeros años de la década de 1970. No obstante, la actividad minera continúa en auge, mediante la presencia de pequeñas compañías particulares, localizadas entre Portovelo y puente El Pindo, así como entre Portovelo y Salatí.
Cuando ingresamos al centro de Portovelo, pude detectar que su progreso ha sido de tal magnitud, que ahora es una urbe con modernos parques, puentes, y museos de la época dorada de la minería; diferente a cuando la conocí en mi niñez, tiempo en que solo había el “puente negro”, por el que se cruzaba para ir directo a Machala, y el “puente rojo”, que permitía entrar a Portovelo por el otro extremo de la población.
El retorno a Loja lo realizamos por la antigua vía Las Chinchas-puente El Pindo, y a pocos kilómetros ingresamos a la carretera El Rosario-Chaguarpamba, que tiene alrededor de 37 kilómetros, ahorrando un tiempo de aproximadamente dos horas, que si se hubiera efectuado el viaje por la ruta Portovelo-Zaracay-Balsas-El Pindo-Chaguarpamba. En fin, un extraordinario fin de semana, disfrutando de las maravillas de los paisajes que dispone la intrincada geografía de nuestra querida provincia de Loja.
