Tecnología y lectoescritura desde la magnífica humanidad

Galo Guerrero-Jiménez

Que el poder de la palabra siga manifestándose para saborear el condimento humano que ella porta cuando conversamos, leemos o escribimos sobre la solemnidad, el asombro y la belleza de la naturaleza que nos sostiene para vivir, y sobre los problemas que le atañen a la sociedad mundial en la vida cotidiana desde el ámbito de la ciencia, de las artes, de la cultura y de la tecnología con el comando que hoy ejerce la inteligencia artificial, la cual “está redefiniendo las fronteras de lo conocido y poniendo a prueba los principios universales y éticos que han regido tradicionalmente la convivencia social” (Montaño Galarza, 2026) y que, por ende, se convierte en una fuente de exaltación y preocupación planetaria, quizá por el inmenso servicio que ella presta en todas las dimensiones intelectuales desde el ámbito científico, humanístico y técnico, pero también, como señala el papa León XIV en su Carta Encíclica Magnifica Humanitas: “La digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo. La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es ‘un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre’. A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orienta hacia el bien” (2026) común.

En efecto, si un instrumento, sea cual sea, no se lo orienta hacia el bien, pues, las consecuencias son nocivas, tal como sucede con el mal uso de las pantallas digitalizadas, cuando dejamos de lado la opinión científica, cultural, social, artística y educativa que, en efecto, reposa en un instrumento tecnológico, al cual nos debemos acercar desde nuestra mejor disposición intelectual, cognitiva y lingüística para estudiar y comprender que, desde un dispositivo electrónico-tecnológico-virtual tenemos escritura del más alto nivel científico, ensayístico, literario, filosófico y humanístico en general que, al leerlo desde la concentración y la atención más sentida, dejando de lado el ruido mental que provoca tanto bombardeo de información digitalizada, sí es posible empoderarse de un texto desde la exigencia educativa y desde la disposición personal,  elocuente y estético-cognitiva del estudioso que,  desde el diálogo, la lectura y la escritura cuando dependemos de la IA, deberíamos mantener permanentemente un debate informado y crítico sobre la exquisitez, la incertidumbre y los límites de estas herramientas tecnológicas y digitalizadas que están causando perturbaciones mentales y deshonestas al estudiantado y a todo aquel que se interesa en buscar información solo para copiarla..