El discurso del odio

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

Iniciamos este artículo de opinión, con la sentencia «más vale tarde que nunca” refrán que indica que es preferible realizar una acción, cumplir una meta o llegar a un acuerdo con retraso, antes que no hacerlo en absoluto, señalamos así porque el 18 de junio, fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, El Día Internacional para contrarrestar el Discurso del Odio, con el propósito de frenar la proliferación global de mensajes discriminatorios y promover el dialogo, la tolerancia y el respeto a la dignidad humana, para frenar la propagación exponencial y los discursos discriminatorios, racistas y xenófobas que se han amplificado a nivel mundial a través de las redes sociales.

Recordamos que el odio, las teorías conspirativas y los prejuicios se infiltran en nuestras sociedades y nos afectan a todos. Estamos más que nunca saturados de información —y desinformación—, tanto en línea como fuera de ella. Pero nadie nace odiando. El odio se aprende y se puede desaprender.

Recordamos que el discurso de odio en forma de xenofobia, racismo, antisemitismo, odio contra los musulmanes, odio anti-LGBTQI+, misoginia y otros tipos de intolerancia aumenta en todo el mundo, extendiéndose más rápido y más lejos que nunca mediante las redes sociales. Tanto en línea como fuera de ella, el discurso del odio ataca personalmente a las personas y las deshumaniza, así como a los pueblos en función de su identidad, y esto ocurre a menudo por parte de actores que buscan un beneficio político, a cualquier precio, destruyendo la dignidad y respeto por el ser humano.

Un comentario dicho sin pensar o un chiste de mal gusto pueden herir, excluir o alimentar el rechazo hacia otras personas. Los discursos de odio no siempre se gritan, a veces susurran estereotipos y prejuicios disfrazados de opinión a través de mensajes en redes sociales o en chats privados. Se dirigen contra determinados grupos sociales y generan espacios inseguros y de acoso, que pueden derivar en discriminación más allá de lo digital y trasladarse al espacio físico. Por eso, detectarlo, frenarlo y denunciarlo a tiempo es fundamental. 

La mayoría de los contenidos de discurso de odio presenta un lenguaje agresivo explícito, fundamentalmente a través del uso de insultos, amenazas y descalificaciones. Sin embargo, no todos los mensajes son tan explícitos, cada vez más se recurre a la ironía o sarcasmo, enmascarando el discurso de odio bajo una apariencia humorística, lo que dificulta su detección automática y permite eludir los mecanismos de moderación de las plataformas, otro de los fenómenos recientes es el uso del lenguaje codificado, en el que se combinan letras, números, símbolos o emojis para evitar los mecanismos de censura de las plataformas, aproximadamente el 30% de los contenidos de odio detectados en redes utiliza estos códigos visuales, frente a esta amenaza, la educación juega un rol importante en el desarrollo de los pueblos. Así sea.