Esperanza después de la pandemia

Es el pasaje de la tempestad calmada. Este es el primero de los ocho mensajes que el Papa promulgó entre 27 de marzo y el  22 de abril de este año. Nos encontramos con dos objetivos: “El primero es sugerir una dirección, algunas claves y directrices para reconstruir un mundo mejor que podría nacer de esta crisis de la humanidad. El segundo es sembrar esperanza en medio de tanto sufrimiento y desconcierto. El Pontífice basa esta esperanza en la fe, “porque con Dios la vida nunca muere” (La vida después de la pandemia, prólogo del Cardenal Michael Czerny, SJ). Invita a los Jefes de Estado y de Gobierno, a quienes toman las decisiones en el mundo, a “cuantos tienen autoridad, a los privilegiados que pertenecen a una pequeña parte de la humanidad que avanzó, mientras la mayoría  se  quedó  atrás”.

El Papa cuestiona y desafía “a quienes tienen responsabilidades en los conflictos” y a “los que detentan el poder económico”. Ha llegado el momento de prepararse para un cambio fundamental en el mundo post-COVID. En una nota manuscrita a un juez argentino, el Papa escribe: “Prepararnos para el después es importante”. Y en una entrevista reciente para un periodista británico, afirma “que las consecuencias ya han empezado a verse, trágicas y dolorosas, y por eso tenemos que pensar en ellas ahora”. Es la hora de la esperanza. Para quienes permanecimos en aislamiento la vida alcanza distintos matices. Hemos aprendido a sobrellevar la esperanza en un mundo mejor apoyándonos en la fe, en las palabras de Jesús que nos invita a ser valientes. El texto de San Marcos en su parte final es inclusivo: “Maestro, ¿No te importa que perezcamos? Jesús cuestiona y anima: ¿Cómo no tienen fe?”. El Papa Francisco nos exhorta a vencer al virus más peligroso que es el egoísmo. Estamos enredados en una maraña criminal de corrupción. La imagen de nuestro Ecuador ad intra y ad extra es nefasta. Entre tanto, nos anima nuestra fortaleza interior y el amor por la vida. Dice Francisco:   “Si actuamos como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan, podemos lograr un impacto real. […] La globalización de la indiferencia seguirá amenazando y tentando nuestro caminar…Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad.

No tengamos miedo a vivir la alternativa de la civilización del amor […]. En este tiempo de tribulación y luto, es mi deseo que, allí donde estés, puedas hacer la experiencia de Jesús, que sale a tu encuentro, te saluda y te dice: «Alégrate» (Mt 28,9)”. Gracias esperanza.