“Capitaloceno”: el “agujero negro” del cual no es fácil salir (1)

Numa P. Maldonado A.

Retomo la temática iniciada en abril pasado, tan poco comprendida y discutida, y peor difundida, pero tan crucial para toda la humanidad. En esa entrega habíamos señalado al “capitaloceno”, modelo económico-social dominante, como el gran culpable de la actual crisis socio ambiental-sanitaria que amenaza con destruir la vida del planeta.

Modelo liderado por un pequeño grupo de personas ávido de poder y ganancias económicas, con una conducta muy poco amigable hacia la conservación de la biósfera en general y en particular hacia la vida y bienestar de las demás personas. La acumulación de riqueza es su meta y el medio más idóneo de obtenerla y perennizarla es el desarrollismo (combinación maquiavélica de un desarrollo científico y tecnológico con la insensata destrucción de los recursos naturales) y la falta casi absoluta de empatía y compasión hacia la inmensa mayoría de congéneres, que se debaten entre el hambre, la miseria, la inequidad y el sufrimiento. Este capitaloceno tomó el nombre de tal tras la Segunda Guerra Mundial (desde 1945), cuando afina sus métodos de explotación humana y de recursos naturales, aprovechando inmoralmente el gran salto cualitativo en las ciencias de la información y comunicación (las TIC) en actividades insensatas que han alterado irresponsable y peligrosamente el equilibrio de la biósfera, causa primigenia de la sexta extinción de especies, el cambio climático y el aparecimiento de pandemias…

La pregunta del millón, dada la gravedad del asunto, es la siguiente: ¿Cómo es posible que un grupo tan minúsculo de personas, enloquecidas por el dinero y el poder, puedan imponerse a la inmensa mayoría de la actual población humana (de más 7 mil millones y medio de personas) y amenace con exterminarnos? ¿Dónde queda nuestra capacidad de reacción?

La respuesta no es fácil. Pero ya que la hice intentaré esbozar algo aproximado (en lo que queda de esta entrega y de la próxima): la puesta en vigencia de un desarrollismo tecnológico, cuyo principal objetivo es generar mayor riqueza para las transacionales, al mismo tiempo que crea mano de obra calificada y bien remunerada también ofrece un confort moderno fácilmente asimilable y difícil de rechazar, ligado estrechamente al consumismo (la estrategia de doble filo que quita más de lo que se recibe). Todo ello íntima y sutilmente articulado a un aparato económico explotador, respaldado por un sistema educativo, sanitario, económico, productivo y comercial, y un aparato político hechos a la medida. Es decir, tan bien concebidos para preservar la hegemonía del grupo élite, que se ha logrado formar a lo largo de los últimos siglos, especialmente de las últimas décadas, un tipo de ciudadano global indiferente, apático, egoísta, domesticado a los designios mañosos del implacable capitaloceno. Prototipo humano común que prácticamente nos representa a todos y se caracteriza por dejarse atrapar mansamente como mosca por una telaraña, o es presa fácil de succionar por un gran embudo, o por un agujero negro. Telaraña. embudo o agujero negro que representa el terrible, injusto y despiadado sistema que nos domina: el capitaloceno.