La saga de las becas del Senescyt

César Eduardo Briceño Toledo

Todo lo contaminó la perversión que asola al país, mediante grupúsculos de políticos oportunistas que se enriquecieron. También hubo corrupción en la concesión de las becas otorgadas por la Senescyt.

Un informe borrador de Contraloría, señala que los funcionarios del Instituto de Fomento al Talento Humano -IFTH-, anteriormente el IECE; no actuaron con eficiencia ocasionando pérdidas para el Estado. Un informe borrador elaborado por la Contraloría General entre 2013 y 2018, detalla que, se entregó alrededor de USD 36 millones en becas; no recuperó USD 10,8 millones que fueron destinados a becarios que estudiaron en el extranjero.

Según la Contraloría, en 42 becas no existe evidencia de que los estudiantes realizaron la compensación que se establece en el contrato y que debía efectuarse al finalizar el período académico; no regresaron al país para devengar el doble del tiempo por el que solicitaron la beca, lo que representó una pérdida de casi USD 8 millones para el país. No se reportaron solicitudes de terminación unilateral de los contratos por parte de los estudiantes. Esto significó que el Estado no pueda recuperar USD 208.000. Además, hubo un perjuicio al IFTH por USD 382.766 invertidos en estudiantes que no cumplieron el puntaje necesario para ingresar a universidades del Reino Unido. La Contraloría encontró que 27 becarios no cuentan con el reconocimiento del título y tampoco se encuentran registrados en el Sistema Nacional de Información de la Educación Superior del Ecuador (Sniese). Ellos no evidenciaron que 12 becarios no destinaron los recursos que recibieron del IFTH para el pago de sus estudios. Esta inobservancia ocasionó que el Estado pierda USD 2,5 millones.

El Presidente de la Federación Nacional de Abogados del Ecuador señala que las becas también fueron repartidas, a hijos, sobrinos, amigos, parientes del gobierno; además calificó como: “juego de niños” el tema de los carnés de discapacidad, comparado con las becas que entregó la Senescyt. Nunca funcionó la decantada expresión de la “meritocracia”.