El triste recuerdo del Convento de las Monjitas Conceptas

Efraín Borrero

En realidad es un monasterio, llamado antiguamente Nuestra Señora de las Nieves de Monjas de su Purísima Concepción. Se dice que se construyó a partir de 1596 con donaciones de algunas personas, y que al año siguiente llegó una abadesa y tres monjas de la Orden de Nuestra Señora de la Concepción para darle vida a ese refugio espiritual donde mujeres que han optado ese camino renuncian y se desprenden del mundo exterior para vivir a perpetuidad en un clima de recogimiento y oración, buscando la unión mística con Dios.

No falta quien asegura que “muy aparte del motivo religioso, se dio para que los caballeros que viajaban a la selva amazónica en busca de riquezas, dejaran a sus esposas internadas en dicho monasterio y así éstas no comentan adulterio”.

Se dice que este monasterio fue el segundo establecido en territorio de lo que hoy es el Ecuador, después de Quito, en 1575, seguido por los de Cuenca y Riobamba. Es decir, una historia patrimonial.

Rodeado de grandes muros abarcaba la manzana comprendida entre las calles Bernardo Valdivieso, 10 de Agosto, Olmedo y Rocafuerte, erigiéndose como signo de la identidad cultural, religiosa y colonial de los lojanos. Generalmente estos monasterios se construían en lugares cercanos a la plaza mayor.

En la esquina de las calles 10 de Agosto y Bernardo Valdivieso se levantaba la Torre del Campanario de la Iglesia, y en su interior la iglesia, el coro alto y bajo, varias salas, locutorios, celdas y toda una infraestructura que cargaba el peso de decenas de años.

El ingreso a la portería era por la calle Bernardo Valdivieso, a través de una puerta grande de madera. Con mirada temerosa escudriñábamos los rincones del misterioso y sobrecogedor espacio de esa parte del convento. Había que cruzar un amplio patio interior empedrado al clásico estilo colonial hasta llegar al viejo torno, con armazón de grueso tablón, divisiones y giratorio. Era una especie de ventana con barrera para no ver el rostro de la monjita que atendía, porque era reservado a Dios. Se comentaba que en casos extremos ellas cubrían su rostro con velo negro.

Allí acudíamos para proveernos del agua de ámbar, insumo con el cual nuestras madres daban el sabor mágico y exquisito a las “guaguas de pan”, cada una con su propia personalidad, y al champuz, potajes tradicionales en Loja por su especial preparación.

Parado frente al torno se escuchaba una voz cálida que decía: Ave María Purísima, y había que responder: Sin Pecado Concebida; más o menos como un código de acceso, y a continuación el pedido.

Por aquel tiempo poco o nada se sabía de las obras de arte y otras reliquias que guardaba su interior. Afortunadamente ahora podemos apreciarlas porque están expuestas en un sitio destinado al museo. Allí se conservan joyas artísticas de gran valía que datan de tiempos de la iniciación de la conquista española.

sta maravillosa edificación colonial, ícono y orgullo de Loja, se mantuvo incólume hasta que en 1964 una entidad financiera hizo una atractiva oferta para adquirir parte del inmueble, no obstante que los bienes patrimoniales de un pueblo no pueden ser objeto de comercio. Después hizo lo propio otra de igual naturaleza, y posteriormente una institución pública. Se inició así la mutilación del monasterio.

Los obreros de la construcción, con pico y pala en mano y la fuerza destructora de sus brazos, se encargaron de derruir las gruesas paredes de tapia pintadas de blanco; de destruir el suelo cubierto con antiguos ladrillos geométricos, y de arrasar con todo lo que encontraban a su paso hasta dejar los terrenos listos y expeditos para rendir culto a la ostentación que encarna la modernidad.

Centenas de años de historia abrazaban los escombros y la impotencia extasiada derramaba lágrimas de dolor, dejándonos el triste recuerdo del Convento de las Monjitas Conceptas.