La necesidad de profesionales que hagan el trabajo sucio

César Correa

En la evolución de la sociedad hemos llegado al momento en el cual la burguesía no puede sostenerse en el poder si no realiza a diario graves violaciones a los derechos humanos, para lo que necesita ejércitos de toda clase de profesionales dispuestos a cumplir cualquier orden, claro, a cambio de millonarias pagas.

La burguesía necesita invadir países, asesinar líderes populares, realizar tráfico ilegal por miles de millones de dólares, derrocar gobiernos indóciles, generar y difundir calumnias profusamente, destruir la honra de los opositores, tener lugares para guardar el dinero sucio y para lavarlo, controlar las mentes de las personas mediante información falsa y tendenciosa, bloquear las economías de los competidores, contar con instituciones internacionales que defiendan las operaciones de la burguesía y condenen a los perjudicados, que dicten sentencias írritas, como acaba de suceder en el Ecuador.

La burguesía mundial tiene que dedicar billones de dólares para comprar los servicios de los ejércitos que hacen toda esa clase de trabajo sucio, por el mundo entero.

En nuestro continente la burguesía tiene contratados miles de periodistas y abogados para destruir y perseguir a los líderes de izquierda. Derrocaron a Zelaya en Honduras, a Lugo en Paraguay, a Evo Morales en Bolivia; golpearon muy duro a Lula da Silva, a Dilma Rousseff, a Cristina Fernández, a Hugo Chávez; se ensañan contra Maduro, Andrés Manuel López Obrador, Rafael Correa y la gente de la Revolución Ciudadana.

En Ecuador se libra una batalla feroz, que le cuesta al país miles de millones de dólares, para desaparecer del mapa al correísmo y quedarse con la cancha libre para dilapidar el patrimonio nacional. Destrozando la Constitución, el COIP, el principio del debido proceso, acaban de sacar a Rafael Correa de la contienda electoral.

Lo han logrado porque compraron los servicios de centenares de periodistas, jueces y otros profesionales, muchos de ellos pertenecientes a la pequeña burguesía, que llenan la necesidad de hacer el trabajo sucio.