El machismo

Ruy Ferbando Hidalgo Montaño

Desde muchísimo tiempo atrás, las sociedades particularmente latinoamericanas arrastran una tara llamada machismo. Esto viene de generación en generación como una herencia negativa y tormentosa que ha causado inmenso daño a lo largo de los años, estoy seguro de que la mayoría de los que ahora comparten conmigo este comentario alguna vez han tenido una actitud machista, por supuesto me incluyo en ese grupo. Es que ya no depende de nosotros, es que nos han metido en la mente desde pequeños frases absurdas como: “tu sales a jugar y regresas más tarde porque eres hombre” o “las tareas de la casa son para las mujeres”, que nos cuesta desechar. ¡Y lo peor de todo es que esas teorías provenían casi siempre de las mismas mujeres! Las madres de mi generación, quienes inculcaban en sus hijos conductas erradas, atribuyéndoles una hegemonía sin sentido a los varones de la casa, a costa de la sumisión y en algunos casos el maltrato físico y psicológico de las mujeres del hogar. Esto ha degenerado en muchas aberraciones de toda índole tanto de tipo sexual, como afectivo.

Decía que las grandes culpables del machismo son las mujeres, por haber propiciado estereotipos ridículos que han generado durante siglos una dependencia casi absoluta del género masculino transmitiendo estos patrones a sus hijos e hijas, convirtiéndose en una cadena que debería avergonzarnos como sociedad del siglo 21: Otra hipótesis que manejan muy comúnmente las abuelitas es que una mujer que no se casa es una fracasada, no le estoy restando al matrimonio validez en la realización personal de cada individuo, pero tampoco podemos ponerle ribetes de meta primordial de vida. Cuando sabemos que solteros o casados solo los mediocres son fracasados, existen millones de casos en los que mujeres han sabido salir adelante sin necesidad de tener un hombre al lado.
Por eso me parece que fuese muy oportuna una campaña propiciada por el gobierno nacional contra esta lacra que ha carcomido durante décadas, las estructuras en las que se sustenta una convivencia armónica de ambos géneros, una campaña intensa destinada a que comprendamos que ningún extremismo es bueno porque no contribuye en sentido alguno a la evolución humana. Pero pienso que se debería partir por las escuelas de formación básica del país, para que los niños y niñas aprendan desde chiquitos, que son complemento y no rivales, que hombres y mujeres estamos aquí con un objetivo común que es hacer de este mundo un buen sitio para vivir y morir en paz, y en estos propósitos no tiene cabida el machismo. Peor aún el maltrato de cualquier miembro familiar teniendo en cuenta que la violencia solo trae secuelas de dolor y rencor en los que la padecen, y ellos a su vez se convierten en eslabones de esta nefasta cadena de angustia y desolación en los hogares ecuatorianos

Si se lograra erradicar, o al menos disminuir, el discrimen y maltrato que padecen a diario especialmente las mujeres en diferentes ámbitos, se daría un paso de fundamental importancia. Lamentablemente la realidad de ahora es cruel e indignante, seguimos deseando y soñando que cambie.