La corrupción ¡mucho cuidado…!

Paúl Maldonado

Se la puede definir como soborno, coima, es la acción y el efecto de corromper; es sinónimo de abuso, desorden, cohecho, seducción, depravación, perversión y desmoralización. Aplicando tales significados al campo socio-político y para efectos didácticos, la corrupción es el acto a través del cual un funcionario público violenta las normas del sistema legal imperante, para favorecer intereses particulares a cambio de un beneficio o recompensa para sí o para otros.

Corrupto es por lo tanto el comportamiento desviado de aquel que ejerce un cargo en el sector público y corrupción es un modo particular de ejercer tal influencia o abuso ilegal. En el fondo la corrupción puede convertirse en un problema cultural, al marco formativo y conductual predominante en nuestras sociedades, es el individualismo, el consumismo, la carencia de valores, el afán por el poder, la codicia, un exitismo económico reflejado en un “tanto tienes tanto vales” y el débil compromiso con lo público y con el bienestar social, llegando así a la asfixiante y frustrante situación actual en la que vivimos. La corrupción es un verdugo traidor que empobrece a muchos países, y nos afecta a los que menos tienen. La corrupción mina los resultados económicos, debilita las instituciones democráticas y al Estado de derecho, perturba el orden social y destruye la confianza pública, permitiendo que prospere la delincuencia organizada, el sicariato, el terrorismo y otras amenazas para la seguridad social. Ningún país es inmune a ese fenómeno maligno. Y es siempre el bien público el que sufre las consecuencias. La corrupción perjudica a los pueblos, afecta su vida cotidiana de muchas maneras y tiende a empobrecerlos aún más, al negarles su participación legítima en los recursos socio-económicos.

La corrupción pone los servicios públicos básicos fuera del alcance de los que no pueden darse el lujo de pagar sobornos. Al desviar los escasos recursos destinados al desarrollo, la corrupción hace más difícil satisfacer las necesidades fundamentales de nuestro pueblo, como las de alimentación, techo, salud y educación. Crea discriminación entre los diferentes grupos de la sociedad, trae desigualdad e injusticia, desalienta la inversión y la ayuda extranjera, obstaculizando de esta manera el crecimiento social de nuestro país. Es, una dificultad muy significativa a la estabilidad política y al éxito del desarrollo social y económico. Nuestra única esperanza de eliminar este obstáculo, es mediante la aplicación efectiva del principio del Estado de derecho. Algunos países han promulgado una legislación nacional contra la corrupción por lo que hay que felicitarlos y seguir con este ejemplo. La Convención de Mérida y las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, proporciona los mecanismos para atacar la delincuencia y la corrupción en escala nacional y mundial. Porque creemos que con una mejor cooperación nacional e internacional, se podrá dar un mayor impacto a la delincuencia en todo el país y el mundo. Esta convención pone de manifiesto que la eliminación de la corrupción es una responsabilidad de cada país, y ofrece un conjunto integral de normas que pueden aplicar para fortalecer sus regímenes y sus instituciones de reglamentación. Creemos que esta es un importante aporte que ayudará a abordar el problema apremiante para muchos países en vías de desarrollo, donde las élites corruptas han robado miles de millones de dólares que el nuevo gobierno necesita desesperadamente recuperar para corregir el daño social y económico. Esta convención pone también de manifiesto que, para tener éxito en nuestros esfuerzos por eliminar la corrupción, el apoyo y la participación de la sociedad civil, incluido el sector privado, son cruciales. En definitiva la corrupción, es un flagelo en nuestras economías, nuestro desarrollo y perjudica directamente los esfuerzos para mejorar la calidad y el nivel de vida de nuestra sociedad. Su tarea y sus responsabilidades, por consiguiente, van más allá de abordar un problema específico como el de la corrupción; incluyen decisiones y compromisos que afectan a nuestros hijos, a las próximas generaciones y al futuro de nuestro país.