Quino fue un referente que iluminó nuestra juventud

Luis Pineda

En la década del 70, cuando nos iniciábamos en la vida de la militancia, Mafalda fue una de las lucecitas que nos ayudaron a caminar por el sendero de la militancia en búsqueda de las utopías.

El autor de Mafalda fue Quino, cuyo nombre era Joaquín Salvador Lavado Tejón que acaba de fallecer y en su homenaje les invitamos a conocerlo, a través del pensamiento de Carlos Ulanovsky, en su artículo “El milagroso lápiz de Quino”.

“Hoy, cuando me enteré de su despedida lo primero que hice fue abrazarlo mentalmente, agradecerle por tanto y admitir que le debo muchas risas y salidas inteligentes. Y de inmediato pensé en quiénes estuvieron siempre cerca suyo, ayudándolo a ser y a crecer. Desde Alicia Colombo, su mujer, que era sus ojos sobre la tierra; pasando por Julieta Colombo, su sobrina, que ofrecía la palabra en su nombre; Kuki Miller y Daniel Divinsky, ordenadores y cuidadores de su obra desde Ediciones de la Flor; Judith Gociol, a la que Quino consultaba cuando necesitaba recordar algo de su obra. Judith sabe tanto de la vida del maestro como Emilio Divinsky que cuando era un adolescente inventó una trivia fabulosa sobre los personajes de Mafalda. Y en ese dichoso y a la vez triste pensamiento repartido incluí a Miguel Rep, su mejor alumno.

Falta uno, es cierto. Pero la cuestión es que no tuve el gusto de conocerlo. Su tío, Joaquín Tejón, andaluz, artista plástico y entretenedor que una noche, cuando no había ni televisión ni redes sociales deslumbró a Quinito dibujando. “Ahí descubrí que, con un lapicito, uno podía inventar personas, personajes y hasta mundos enteros”, dijo cuando ya era Quino.

En 2014, junto con Cristina Mucci, tuvimos un privilegio memorable: entrevistarlo en el acto de inauguración de la Feria del Libro número 40. De ese intercambio, que volví a ver hoy, rescato algunos de sus dichos.

  • “Yo siempre dibujé con la intención de que el mundo cambie para el lado de los buenos, para los beatniks, para gente como John Lennon. Lamentablemente no fue así, porque el sistema me dejó plantado”.
  • “Nunca terminé de aprender a dibujar a Mafalda. Es cierto. Tenía que calcarla para que cada día no me saliera diferente. Cualquier dibujante sabe que tener que hacer diariamente un mismo personaje se vuelve algo pesado. Mucho más creativo y entretenido, y más libre, era dibujar a los otros personajes”.
  • “Buscando temas para mis dibujos en una época leí mucho la Biblia. Nunca la leí con un sentimiento religioso, porque no soy creyente, pero durante años me atrajo su lectura porque, la verdad, es un gran libro”.
  • “Mi principal tema siempre fue el del poder. Cualquier clase de poder, que se ejerce en ámbitos inimaginables. Muchos de mis dibujos ocurren en restaurantes, porque ese lugar es un espacio político comparable con la sociedad. Todos llegamos queriendo comer, que es lo que todo pueblo quiere y pide, pero hay que atenerse a lo que te diga el maitre, o el chef, o el mozo que te cuentan que tal cosa se acabó, que tal otra no tenemos. Y encima, hay que pagar”.
  • “Soy un dibujante político. Crecí en una casa en la que se discutió la guerra civil española, la segunda guerra mundial, Corea, Vietnam. Y pensar que hay gente que dice ‘Yo en política no me meto’. No sabe que eso también es hacer política”.