Pacto educativo

Juan Luna

Desde finales de noviembre en la ciudad China, Wuhan, un virus silencioso e invisible inicia interrumpe la rutina y el confort de sus habitantes, rápidamente rompe las fronteras y viajando en las personas se propaga por el mundo entero, a su paso deja secuelas de dolor, desesperación e incertidumbre. Nadie lo conoce, por tanto, no saben cómo proceder. El recurso más seguro, hasta hoy, es el confinamiento, distanciamiento y protección.

En nuestro país profundizó la crisis económica y develó también la miseria humana representada en el poder político y económico de los gobernantes con niveles de corrupción que desbordaron todo límite y botaron al tacho de la basura los valores y la ética, demostrando que aún falta mucho camino por recorrer en cuanto a formación ciudadana, para reconocernos como parte de una misma comunidad.

La educación, es la más afectada, niños y jóvenes, cuya prioridad es irrenunciable, están lejos de sus escuelas y colegios batallando desde sus hogares con un modelo educativo desde casa y que ha puesto al descubierto la brecha, entre quienes cuentan con recursos, medios y tecnología para afrontar esta situación; y otros que apenas cuentan con las posibilidades de seguir este nuevo sistema de formación a través de la virtualidad por diferentes motivos. Situaciones hay diversas, desde no contar con los medios digitales mínimos, estar aislados en zonas de difícil acceso, familias abrumadas por la carga laboral o la depresión, hasta quienes apenas han recibido preparación para la tecnología. Todo esto acaece en índices de deserción escolar, tanto a nivel básico como superior, se dice, que casi 100 mil niños, niñas y adolescentes no regresaron a clases en el ciclo sierra.

Esta realidad marca la necesidad de un pacto educativo que siente las bases y las columnas que sostengan la sociedad. Renovar el compromiso y las acciones educativas con una mirada abierta, inclusiva, dialogante y de mutua comprensión, para formar personas buenas. Integración, inclusión y diálogo son las bases para una verdadera educación científica, técnica y humana.

El Estado ecuatoriano a través del MINEDUC y sus dependencias locales deben, no únicamente, a través de la construcción de documentos, como por ejemplo, el plan emergente “Aprendamos Juntos en Casa” o la elaboración del PICE buscar la continuidad educativa, sino, en acciones teóricas y prácticas propender aprendizajes significativos, acciones de acompañamiento real y un compromiso con la ética y valores de la vocación y servicio docente hacia los estudiantes y padres de familia; así mismo, a pesar de la crisis económica y de salud, dotar de recursos tecnológicos y conectividad a quienes no lo tienen y realmente por sus condiciones socio-económicas lo necesitan para no quedar excluido del sistema educativo en igualdad de oportunidades.

Abrir las puertas a un verdadero pacto educativo significa renovar la alianza entre escuela y familia y colocar en el centro a la persona, especialmente los más pobres y vulnerables procurando la legislación y documentación emitida no queden en “letra muerta”, sino ser protagonistas, junto con los niños y jóvenes de una nueva historia educativa.