El eficiente servicio de María Paula Romo a la burguesía

En el momento histórico que estamos viviendo, en el que la burguesía va perdiendo irremediablemente en el continente entero su condición de clase social hegemónica, María Paula Romo eligió el papel de convertirse en el personaje más indicado para utilizar todo el poder estatal posible para impedir el ascenso de las clases populares y las consecuentes reformas políticas y económicas tendientes a reducir gradualmente la explotación del hombre por el hombre.

Hay un cierto parecido con la coyuntura que le tocó vivir a Gabriel García Moreno, cuando en la segunda mitad del siglo XIX descendía la clase social hegemónica de los terratenientes dueños de la Sierra, organizados en el Partido Conservador, y se venía incontenible el ascenso de la burguesía, compuesta por los agroexportadores e importadores de la Costa, organizados en el Partido Liberal. García Moreno se creyó el enviado por Dios para impedir el triunfo de los masones, para lo que no tenía otra alternativa que perseguir, encarcelar y fusilar a los pérfidos revolucionarios. La jerarquía eclesiástica, que manejaba muchas extensas haciendas y explotaba a centenares de miles de indígenas, para defender sus malvados intereses, bendijo la criminal administración del tirano.

Ese garcianismo bárbaro cerró toda posibilidad de una transición civilizada, generó una desconfianza abismal entre las partes en conflicto, que solo podía llegar a su desenlace mediante la toma del poder por la vía armada. Ese garcianismo pudo haber retrasado la transición, pero no la pudo evitar, pues se produjo 20 años después de su muerte.

María Paula Romo comprendió que no podía defender a la burguesía si se gobernaba con estricto respeto a los Derechos Humanos, a la Constitución y a las leyes secundarias. Siguió sin titubear el modelo garciano y nos hizo retroceder al siglo XIX.

El país ha sufrido la restricción de todas las libertades, la destrucción de la seguridad jurídica, la aplicación de las más feroces técnicas modernas de represión policial, el uso de la función jurisdiccional para perseguir a la oposición, la derogatoria de las más importantes conquistas del Derecho Laboral, el desmantelamiento de los servicios de salud pública.

Así como los conservadores adoraron a García Moreno, María Paula Romo, que los dejó chiquitos a León Febres Cordero y Jaime Nebot, será para siempre el ídolo de la burguesía, mientras que en la memoria del pueblo será recordada como la que le hizo cargar la cruz por mucho más que 14 estaciones, la que le arrebató muchas posibilidades de trabajar, educarse, recibir atención médica, obtener una vivienda digna.