Los partidos de garaje del actual proceso electoral en el Ecuador

El proceso electoral ecuatoriano, iniciado en el 2020 y que culmina el 2021, tiene algunas características especiales. Una de esas novedades es la proliferación de grupos políticos. Es necesario precisar, no se trata de tendencias políticas sino de partidos y movimientos políticos.

Para profundizar en el tema, les presentamos una síntesis del artículo “Partidos de garaje” de Santiago Basabe:
“Revisada la papeleta presidencial de 2021, la primera conclusión que salta a la vista es que el país está infestado de partidos y movimientos políticos de garaje. Defino así a las agrupaciones que, a pesar de estar inscritas en el registro electoral, no tienen ninguno de los elementos constitutivos de una genuina organización político-partidista.

Por un lado, carecen de estructura de gobierno. Dicho en otras palabras, las decisiones a la interna las toma un gerente-propietario que es el que organiza los supuestos procesos de democracia interna, establece los candidatos, las reglas ad-hoc y, en definitiva, selecciona a quienes participarán efectivamente en los procesos electorales. Dado que el partido le pertenece, el ganador de la supuesta disputa interna suele ser él mismo o alguien con quien ha negociado el espacio en la papeleta electoral a cambio de recursos de cualquier tipo u otra forma de intercambio. Como en todo país machista que se precia de tal, entre los que desafortunadamente Ecuador es un referente, el gerente-propietario y/o sus ungidos suelen ser hombres.

De otro lado, los partidos de garaje desconocen lo que constituye la formación en valores de sus afiliados y simpatizantes. Así, el compromiso de unos y otros alrededor de un conjunto de ideas que orientan la vida política del partido es simplemente inexistente. No se definen como de derecha ni de izquierda sino todo lo contrario. Proponen que las ideologías ya no existen pues es la forma más simple de evadir la sola idea de pensar políticamente y asumir una postura. Siempre es más fácil negociar con cualquiera en función de la coyuntura y de lo que se pueda medrar.

A partir de los rasgos conceptuales mencionados y fundamentalmente de su ausencia, al menos un tercio de las agrupaciones políticas nacionales claramente puede ser considerado de garaje, otro tercio se acerca cada vez más a esa definición y solo la diferencia podría evitar ser parte de ese grupo de mercaderes de la política.

En definitiva, si los propios interesados en ser parte de un sistema partidista estructurado no se expresan alrededor de esta cuestión es lógico que los gerentes-propietarios de los partidos de garaje guarden silencio.

Al final, lo que queda claro es que cualquier propuesta de modificación normativa que se oriente a disminuir los partidos de garaje deberá venir de las distintas formas de organización social, pues entre los actores políticos es muy poco lo que se puede esperar.

De esa forma, la miopía de las élites políticas y su falta de aprendizaje de los procesos históricos contribuyen a que la situación de hartazgo ciudadano que antecedió a la emergencia de la Revolución Ciudadana retorne en un nuevo ciclo. Ese resurgir de líderes caudillistas, de derechas o de izquierdas, que encarnan el malestar de la población con propuestas sin sustento, no ha sido extirpado en Ecuador y su retorno es solo cuestión de tiempo.”