Juan Carlos Valarezo González

La muerte es un desgarrador momento que nos estremece y nos obliga a entender la fugacidad de nuestro paso por la vida; ante la cual, nos tornamos más pequeños, impotentes y vulnerables.

En esa dura e imperturbable realidad, nos llega, como trueno despiadado, la absurda noticia del inesperado fallecimiento del destacado abogado lojano y entrañable amigo: Dr. Juan Carlos Valarezo González.

Nos llega en un momento en el que el sinsentido ha invadido la realidad como resultado de una pesadilla sanitaria siniestra en la que parece haberse empozado todo el mal del mundo para arrebatar vidas, para dinamitar sueños, para apagar las risas de los niños y para cebarse con el sufrimiento de toda nuestra frágil especie.

Juan Carlos nació en esta tierra en 1971, cuando su respetable madre, doña Concepción González de Valarezo, lo trajo al mundo para que contemple el espectáculo del sol y la luna… que es la vida; bajo la compañía y cobijo inmenso de su padre, el destacado jurista y hombre público: Dr. Reinaldo Valarezo García. Así, tuvo la bendición de iniciar la aventura de la vida como el fruto del amor y de la limpia alianza de sus padres, quienes, le prodigaron un hogar respetable, bien formado y de tierra fértil para que crezca junto a su hermana Karina y aprenda a caminar por la senda del recto vivir y del recto pensar.

Tuve el gusto de conocerlo en los años ochenta en los sencillos, pero respetables aposentos del Colegio Bernardo Valdivieso, en los que gran parte de la juventud lojana intentaba beber conocimientos para forjarse un mejor futuro.

Juan Carlos por naturaleza fue bueno, de charla sincera, de mano solidaria, de abrazo leal y de especial inteligencia.

Estrechamos amistad en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de Loja y, aunque no compartimos aula, fuimos fervientes compañeros en la convicción de que solamente a través del respeto al derecho, a la Constitución y a las leyes; se puede forjar una sociedad más justa, más ordenada y equitativa en la que todos puedan tener las mismas oportunidades para surgir y progresar.

Ya graduado de doctor en Jurisprudencia, consagró su vida a la profesión del derecho por espacio de 26 años. Lo hizo desde el libre ejercicio, la función pública (Consejo Provincial, Corte de Justicia de Loja, Instituto Ecuatoriano de Crédito y Becas, Consejo Provincial de Tránsito); desde la función privada (Mutualista Pichincha, Banco de Loja, Mutualista Pichincha y Cooperativa de Ahorro y Crédito Fortuna; y, desde la cátedra universitaria. Su última función la cumplió con acierto y probidad en la Procuraduría General del Estado en la que brindó con honestidad sus amplios conocimientos jurídicos en defensa de los delicados intereses del Estado.  

La vida es la oportunidad para luchar por lo que creemos y para cumplir objetivos específicos en favor de la sociedad. En el caso de Juan Carlos Valarezo González fue ejercer la abogacía con probidad, talento, disciplina y tenacidad. Con su muerte, el foro jurídico lojano pierde a uno de sus mejores representantes. Quienes fuimos sus colegas y amigos, también somos testigos de que fue una extraordinaria persona; quien supo enaltecer la amistad y honrar con celo la palabra lealtad.

Paralelamente, fue un cultor de la familia, a la que, pese a su ajetreada vida, jamás descuidó, y más bien la preparó, la moldeó, la amó y la respetó hasta su último aliento.

Su ausencia física ha causado enorme desconsuelo en muchos lojanos -entre los que me incluyo- y será difícil asimilar el vacío que deja.  Consuela saber que sus hijos: Camila, Juan Carlos y Juan Sebastián Valarezo, prologan su existencia.   

 “/ Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte. (…)

Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé! /”.

(César Vallejo: Los Heraldos Negros)