Interpretación y análisis textual

Como señala Severino Croatto, “toda lectura se hace desde las prácticas o desde el contexto cultural o ideológico de quien lee” (1994); a eso se debe la serie de interpretaciones que un texto genera según el tipo de lector que en ese momento aparece para leer literal e inferencialmente, es decir, desde una hermenéutica en la que el texto, clausurado por el autor en su realidad unívoca, se abre desde ciertos factores pragmáticos que le son ineludibles a todo lector que con su naturaleza contextual del momento, aborda el texto no solo para saber lo que contiene sino lo que pueda descubrir más allá de las líneas que textualmente aparecen en él.

Y quizá, la riqueza que el texto posee no está propiamente en su contenido, sino en lo que el lector pueda explorar de él, sea un texto científico, humanístico, cultural, artístico o literario, o de la índole que sea. Pues, todos lo encaminan al lector a pensar, a repensar, a releer, pero, ante todo, a reflexionar desde la óptica de “un pensamiento creativo a partir del desarrollo de las habilidades de percepción, investigación, conceptualización, razonamiento y traducción” (López Rodríguez, 2005) que le sean asequibles al lector que, con toda esta hermenéutica, en última instancia, aprende a darle el valor que el texto se merece bajo la lupa de la mejor importancia que logre encontrar en las páginas que el lector devora con pasión, con placer, con lentitud, con agrado; pero nunca con desinterés, porque así, quizá el texto no le dice nada, igual que cuando se accede al texto por obligación.

Pues, como señala Umberto Eco, en el momento de la lectura hay una mecánica de la cooperación interpretativa del texto: “Postular la cooperación del lector no significa contaminar el análisis estructural con elementos extratextuales. El lector, como principio activo de la interpretación, forma parte del marco generativo del propio texto” (1987). Esta aseveración de Eco surge porque hay especialistas que señalan que el texto dice lo que dice de conformidad con los mecanismos rigurosos de análisis teóricos que sí hay para dar con el sentido exacto del texto para no alterarlo, sino para extraer de él lo que en esencia dice. Al respecto, Eco señala que “todo análisis de los aspectos significantes pertinentes supone ya una interpretación y, por consiguiente, un cumplimiento de sentido” (1987) tan válido según la capacidad de pensar que el lector tiene para examinar ese texto, bien sea para disfrutar de su lectura, para informarse o porque el interés lector es el de adquirir un formación permanente científica y humanística en la medida en que logra tener acceso a textos que sean de su preferencia y que, por lo tanto, sean abordados libre y voluntariamente.

Por lo tanto, leer un texto de la forma que el lector crea pertinente, bien desde un método de análisis científico o literario, o bien desde la libre interpretación contextual, es decir, hermenéuticamente, dado que este es un fenómeno intrínseco a todo proceso de lectura, ya se trate de un lector principiante o ampliamente formado, lo que importa es que el texto nos debe encaminar a pensar, porque esto implica que “cuando pensamos, queremos entender la realidad -que es muy compleja- y queremos entendernos a nosotros mismos, como parte de esa realidad. Pero pensar es una capacidad que podemos ejercitar de modos muy diversos: pensamos cuando calculamos, pero también cuando imaginamos, cuando deseamos, cuando comparamos unas cosas con otras o cuando las recordamos. Y es que siempre que pensamos, pensamos algo” (Terricabras, 2005) para disfrutar, para estudiar, para solucionar un problema o simplemente para sentirnos bien; y, si a esta realidad de ejercicio mental la asumimos desde la lectura, qué mejor que analítica o hermenéuticamente nos propongamos a pensar así para ser críticos, reflexivos, imaginativos, apreciativos, en síntesis, para alcanzar el máximo potencial hermenéutico, axiológico, estético, cognitivo y metalingüístico en nuestro máximo potencial de pensamiento como seres humanos.