La razón y la emoción al servicio de la lectura hermenéutica

Poner la razón y la emoción al servicio de la lectura hermenéutica sirve para procesar la información que recibimos de un texto determinado, contribuye a la mejor expresión de nuestra conducta humana desde una actitud mental robusta metacognitiva, lingüística y trascendente, en la que nuestro pensamiento debe aflorar airoso, ecuánime, reflexivo, con una visión lista y dispuesta para aportar positiva, democrática, cívica, política y axiológicamente en momentos tan difíciles económica, ética, educativa y de bio-seguridad que el planeta vive, sobre todo a partir de la pandemia del coronavirus 2019, y desde tres grandes elementos que con una fuerza arrasadora, sin precedentes, hoy enfrenta nuestra naturaleza humana: la globalización, la tecnología y el cambio climático.

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El cultivo de la alteridad desde la lectoescritura

La práctica de la lectura y la escritura en la escolaridad es significativa cuando el docente la vincula con el mundo socio-educativo-cultural del alumno; pero, por lo regular, cuando se la somete a la realidad del texto inmediato, y de un currículo pedagogo-tiranizante que, lo que hace es asumir tareas descontextualizadas, lejanas a la realidad del niño y del joven, casi no representa ni significa nada para la realización plena, de disfrute y de valoración de las ideas que deben ser fenomenológica y conscientemente procesadas acerca de la palabra escrita, de manera que el cerebro pueda iniciar “un prolongado y complejo proceso de organización de sus conexiones para responder de la manera más rápida y eficiente posible a los retos a los que deberá enfrentarse el individuo a lo largo de su vida” (Reig Viader, 2019), con una adecuada alteridad de la conciencia que le permita entender la problematicidad del mundo para propiciar relaciones de dialogicidad, de comunicación y de compromiso con el yo del otro.

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La lectura como modelo de vida

La vida intelectual y espiritual se fortalece en la medida en que tengamos una influencia externa que nos sirva de modelo para que nuestra morada interior no se derrumbe en el primer impacto nocivo que quiera atropellar nuestra condición humana, la cual debe estar hecha para que la salud, la mente y el espíritu no se deterioren en la superficialidad de nuestras bajas pasiones; por eso, un modelo de vida que en primera instancia son nuestros padres, ciertos docentes, la selección de alguna amistad muy sentida y los cientos y cientos de ideas para aprender a pensar y a ver la vida desde una perspectiva más humana que los textos escritos desde todos los campos del saber le pueden brindar a un lector que se acerca a dialogar con ellos, serán siempre un referente para aprender a realizarnos en la vida.

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La construcción mental que la palabra engendra

Son múltiples las vaguedades, las ambigüedades, las malas interpretaciones, las dudas, las manipulaciones e incluso las mentiras y las trampas que genera el lenguaje humano en los individuos que, sea de la condición socio-educativo-cultural y económica que sean, no han podido desarrollar las habilidades de ejercicio humano-creativo-axiológico-antropológico-éticas que la lengua sí proporciona a los ciudadanos que en medio de nuestra cultura globalizada, tecnologizada y virtualizada se esfuerzan y se dedican al estudio personal libremente asumido de la lectura y la escritura, para desarrollar en su consciencia mental todo el potencial humano que la inteligencia lingüística, interpersonal, intrapersonal, emocional y espiritual nos pueden ofrecer para enfrentar nuestra realidad cotidiana de manera que las formas de vida en contacto con el prójimo sean más armónicas, más llevaderas y, ante todo, idóneas para generar ciencia, cultura, arte y humanismo con el entusiasmo y el buen talante que estas disciplinas nos brindan desde la elección de las palabras debidamente acertadas que escogemos para comunicarnos.

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Vivir la lectura hacia adentro

Así como el valor supremo de la Navidad es vivirla hacia adentro para que tenga el sentido primigenio de intimidad espiritual, así sucede con la lectura de un texto que el lector debe seleccionarlo con especial cuidado para que nuestro espíritu viaje por todo el universo de nuestra naturaleza humana para que desde el ritmo de nuestra cotidiana existencia nos conduzca a la valoración de la vida desde la meditación y el silencio de las palabras que vibran en la conducta de nuestra idiosincrasia personal si es que, en verdad, queremos que el eco de cada frase, de cada enunciado leídos se conviertan en los grandes gestores espirituales para conseguir, desde lo más profundo de nuestro ser, los logros pragmático-emotivos desde los caminos más loables que axiológicamente conducen al ser humano a la demostración de su más viva experiencia estético-cognitivo-antropológica.

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La intensidad visionaria de un buen lector

Cuando un texto leído nos encuentra inmersos en el cosmos de su naturaleza más sentida, es porque desde el silencio y la concentración más profundos acude a nuestro intelecto una intensidad visionaria tan profunda que es posible la exuberancia creativa para adentrarnos en territorios imaginarios en que lo increíble se vuelve creíble, lo fantástico se vuelve lógico y lo científico se hace real y oportuno para el disfrute de una política y axiología del lenguaje en que la palabra filosofa airosa, abundante, analítica y prolíficamente reflexiva para la adquisición de un significado humano tan propio y exquisito en cada porción de realidad textual que el lector ha sabido crear desde su más genuina condición hermenéutica.

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La metáfora del juego en el ámbito lingüístico

Los juegos son apasionados porque son eso: juegos que alimentan el bienestar del alma y del cuerpo. La acción hecha a través del juego distrae, rejuvenece, oxigena el ambiente y flexibiliza “a la memoria operativa como el núcleo central del sistema de procesamiento de la información” (Téllez, 2004) que recibimos a diario desde todos los frentes de nuestra relación socio-educativo-cultural, a la cual la procesamos (a esa información) según sean los intereses formativos para que cognitivamente sea la agilidad de nuestra mente la que construya los respectivos significados que fenomenológica, axiológica y hermenéuticamente dejan una huella de profunda fecundidad lingüística en el proceso de nuestra contextura humana.

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Lo que dices es lo que eres

El poder de la palabra en voz alta favorece intelectual y emocionalmente al niño y al joven que sabe empoderarse de su estilo personal para expresarse con perspectiva desde un comportamiento y situación específica de su escolaridad, lo cual crea un contexto especial en el escenario de su participación de disertador, o bien cuando lee textualmente, o cuando desde la lectura silenciosa, luego tiene el deseo ferviente de comunicarse para hacer sentir a los demás que en él o en ella no cabe la imposición ni la vanidad para intervenir, sino solo el deseo ferviente de expresar lo que siente frente al impacto del texto leído.

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El ambiente de la lectura en voz alta

Si la lectura en silencio nos ayuda a concentrarnos y a saborear el condumio de un texto bien escrito, la lectura en voz alta sostenida en ambientes adecuados produce en los niños una serie de beneficios en todos los órdenes de su vida escolar, familiar y socio-cultural; de ahí la necesidad de que se convierta en una práctica de rutina y de goce emotivo-espiritual en todos los años de la escolaridad inicial, básica y de educación secundaria, de manera que ese niño llegue a la adolescencia y a su juventud revestido de uno de los hábitos más trascendentes que la lectura tiene para comprender, por ejemplo, que “hoy en día el mundo necesita líderes (…) que sean capaces no solo de dirigir, de orientar a la gente, sino líderes que sean capaces de influir a las personas, que sepan transmitir un mensaje ético, de comunicar lo importante que es trabajar juntos [maestros, padres de familia y alumnos] para construir un mundo mejor” (Klaric, 2019) de manera asertiva, porque es nuestra capacidad de hablar la que nos permite comunicarnos con la más viva expresión de nuestra energía positiva.

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