El ambiente de la lectura en voz alta

Si la lectura en silencio nos ayuda a concentrarnos y a saborear el condumio de un texto bien escrito, la lectura en voz alta sostenida en ambientes adecuados produce en los niños una serie de beneficios en todos los órdenes de su vida escolar, familiar y socio-cultural; de ahí la necesidad de que se convierta en una práctica de rutina y de goce emotivo-espiritual en todos los años de la escolaridad inicial, básica y de educación secundaria, de manera que ese niño llegue a la adolescencia y a su juventud revestido de uno de los hábitos más trascendentes que la lectura tiene para comprender, por ejemplo, que “hoy en día el mundo necesita líderes (…) que sean capaces no solo de dirigir, de orientar a la gente, sino líderes que sean capaces de influir a las personas, que sepan transmitir un mensaje ético, de comunicar lo importante que es trabajar juntos [maestros, padres de familia y alumnos] para construir un mundo mejor” (Klaric, 2019) de manera asertiva, porque es nuestra capacidad de hablar la que nos permite comunicarnos con la más viva expresión de nuestra energía positiva.

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El placer de la oralidad y la lectura en voz alta

El pensamiento narrativo a la hora de ser verbalizado, es decir, a la hora de contar una historia, bien sea un cuento de la tradición oral, una narración artística, bien una leyenda, un mito, e incluso una historieta, o la creatividad que el niño o el joven tienen para imaginarse una ficción del momento, sobre todo de inventos que se salen de la lógica racional y coherentemente estructurada, obedece a esa circunstancia natural, espontánea y de juego que le surge con facilidad al infante desde el instante en que adquiere el habla.

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La función narrativa y la voz del lector

Galo Guerrero-Jiménez

Si el cerebro humano está adecuadamente estructurado para procesar mentalmente nuestra circunstancia narrativa, que es de la que estamos hechos neurológica y lingüísticamente, la palabra en cualesquiera de sus variantes comunicativas es la que nos distingue como seres humanos porque nos permite relacionarnos con eficacia y a través de una serie de recursos preestablecidos que nos ayudan a tomar las decisiones más adecuadas desde la creación de actitudes, sensaciones y condiciones favorables que tiendan a disminuir las dificultades objetivas, de manera que sea posible persuadir e influir en los demás (Coque, 2013) desde las diferentes funciones que el lenguaje humano tiene al respecto:

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El pensamiento narrativo en la literatura oral y de lectoescritura como el primer modo de conciencia humana

Galo Guerrero-Jiménez

Aunque se afirma que narrar es un don y que, por ende, no está al alcance de todos; sin embargo, todos los seres humanos somos entes narrativos en el diálogo, en el monólogo, en el silencio, en la soledad y en las conversaciones que colectivamente empleamos a diario en infinidad de espacios para hablar del mundo y para especular sobre esa realidad a través del conocimiento, de la educación, del juego, de los sueños, de la ficción y del poder de imaginación y de inventiva que tenemos para que, desde el amplio campo de nuestra inteligencia lingüística, la palabra aflore gloriosa, espléndida, auténtica, solvente, amorosa, emotiva; a veces dolorosa, atrevida, insultante, pero siempre portadora de nuestra condición humana.

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La reflexión sobre el uso del lenguaje

Galo Guerrero-Jiménez

Si una de las circunstancias más relevantes de la vida es la de aprender a comunicarse para que la armonía, el entendimiento, el respecto y el conocimiento de la vida y de la naturaleza en general sean el testimonio de la más alta consideración humana a la que toda persona tiene derecho para asumir su responsabilidad de ente humano desde las más altas esferas de su racionalidad y espiritualidad, es necesario, entonces, trabajar diariamente para que sea factible vivir en lo bueno y en lo bello haciendo las cosas de la mejor manera que se pueda, conservando la alegría, y en orden al cultivo de una antropología axiológica, estética y armónicamente espiritualizada.

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La habilitación docente desde el ámbito lingüístico

Galo Guerrero-Jiménez

En todas las áreas del conocimiento es imprescindible el tema de la lectura y la escritura como los medios más idóneos para tener acceso a los fundamentos teórico-semánticos y pragmáticos de estas disciplinas científicas y/o humanísticas. Por eso, es necesario el dominio de los ámbitos meta y supralingüísticos, e incluso, un adecuado raciocinio de las inteligencias emocional, espiritual e intrapersonal. Y, si es posible, qué mejor, el hecho de poder adentrarse en los campos de la antropología simbólica y mística, de manera que el proceso de la lectura y la escritura desde los ámbitos contextuales de cada implicado en el conocimiento de una disciplina determinada esté valorado axiológica y hermenéuticamente, de forma que el proceso del conocimiento desde esta óptica alcance una auténtica sabiduría que tanta falta le hace hoy a la humanidad para que adquiera una real contextura ética y de disfrute en todo cuanto implica conocer el mundo en todas sus dimensiones de grandeza humana.

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Cuando la lectura conecta la mente y la emoción

Galo Guerrero-Jiménez

Todos los procesos cognitivos que la mente humana tiene: memoria, lenguaje e imaginación son expresiones que unitariamente intervienen para que la palabra en sus múltiples variantes discursivas procese la información, la almacene y la recupere según sea la experiencia subjetiva que cada individuo, según sus circunstancias de vida, va labrando paulatinamente con el ánimo de entender y actuar adecuadamente en el mundo en que vive.

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La riqueza de la lectura desde la experiencia y autonomía personales

Galo Guerrero-Jiménez

Todas aquellas realidades humanas que no pueden cuantificarse matemática ni experimentalmente, pertenecen al campo de las ciencias del espíritu o ciencias experienciales, dado que son producto de las vivencias personales, muy íntimas y que, por ende, tienen su propia racionalidad y metodología (Terán Dutari, 2012), porque parten de la experiencia profunda, vital, biográfica y hermenéuticamente sentidas en el individuo que se adentra en esa circunstancia pragmática desde su propia condición axiológica, fenomenológica, contextual, afectiva y antropológicamente experimentada desde el poder que su subjetividad y su cognición le permiten sacar a flote la experiencia y esencia de sus pensamientos, sus sentimientos, sus emociones y su razonar simbólicamente representados literal, inferencial, crítica y proactivamente alineados en un cúmulo de ideas que aparecen mentalmente consignados en su cerebro desde la más plena condición de su personalidad que la inteligencia espiritual y lingüística han podido modelar para bien de ese yo personal que ha sido capaz de procesar todas esas representaciones internas que fluyen en la psicología y manera de ser de esa persona que puede llegar a ser brillante en su campo de trabajo intelectual y emocionalmente asumido.

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La celebración del lenguaje escrito desde la memoria operativa

Galo Guerrero-Jiménez

Insistimos en la enorme validez que hoy en día van cobrando las variables antropológicas de la cognición, la afectividad y el contexto en el ámbito de la ciencia de la lectura y la escritura como una grandiosa “oportunidad para reflexionar sobre la importancia que les damos a las palabras impresas, a los libros y a las bibliotecas en nuestras vidas.

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El cultivo de la palabra desde su máxima expresión cognitivo-afectiva

Galo Guerrero-Jiménez


Desde el enfoque afectivo, interactivo y contextual, la palabra en cualesquiera de sus ámbitos tiene que convertirse en el arte de una adecuada narración o de una fina concepción poética, del buen decir, aceptando al otro como un contertulio, los cuales a partir de su cognición inteligentemente asumida, desde la afectividad más sentida y desde el contexto en el cual se desenvuelven, puedan intervenir dialogal, axiológica, filosófica y metalingüísticamente, no para la expresión de una verborrea sin sentido, sino desde el compromiso de la realidad que la mente humana llega a comprender y a procesar el conocimiento que cognitivamente se fragua a diario en esa interacción de lenguaje humano que va y viene, pero que no puede reducirse a unas relaciones simplonas entre estímulo y respuesta, sino a la concepción de nuestra propia biografía biogeográfica y espiritualmente asumida desde una responsabilidad antropo-ética que busca su camino para entregarse por completo a la devoción de un lenguaje que comunicativamente los contertulios lo asumen desde la competencia y la compartencia afectiva y cognitivamente puesta en marcha a través de “una serie de microdestrezas: saber aportar información y opiniones, mostrar acuerdo o desacuerdo, resolver fallos conversacionales, saber en qué circunstancias es pertinente hablar y en cuáles no, entre otras. [puesto que], el modo más habitual y espontáneo de la expresión oral es la conversación, ya sea en forma de entrevista, debate, encuesta, conferencia o discurso” (Robles, 2013), y sabiendo que, como señala Sara Robles, “la comprensión de un mensaje se da siempre en estos tres planos de forma simultánea y mediante una interconexión entre los tres: literal, transaccional e interaccional”.

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