El ámbito psicológico-ético-estético-musical y filosófico de la lectura

Galo Guerrero-Jiménez

Los temas literarios, científicos y humanísticos en general deberían ser leídos siempre con una actitud filosófica, no para ser filósofo, sino para adecuarnos a una gran pasión y tensión creadora, de asombro y de reflexión frente a toda esa fuente de lenguaje que siempre dice mucho más de lo que en el texto aparece literalmente, y que el lector debe estar en condiciones de, a más del ámbito semántico que el texto le despierta para una real captación significativa, a partir de allí, y desde el contexto pragmático en el que se desenvuelve, pueda generar un ambiente cognitivo, abierto a la gran belleza estética que el texto proclama y que, el lector, tomando como tema central la concepción de la vida humana, pueda sentir cómo su conciencia, desde una actitud hermenéutica y fenomenológica, le habla, le proclama sombras y luces hasta encontrar una nueva fórmula de palabras en que una ética y estética profundamente humanística lo lleve a decir su palabra, sentida, labrada desde el cincel de su realidad personal.

Pues, llegar a sentir la palabra desde una aptitud filosófica es llegar a proclamar una nueva alfabetización en su tarea humanística para educarse y para educar a la otredad desde “un proceso de recreación, de búsqueda, de independencia y, a la vez, de solidaridad (…) [conformando] una actitud que no se detiene en el verbalismo, sino que exige la acción” (Barreiro, 2018) cognitiva, ética y estético-dialógica para la toma de decisiones desde un compromiso altivo en el que el cerebro desde la razón, los sentimientos, las emociones y los pensamientos que el texto escrito engendra, lo encamine al lector a reflexionar en el sentido de que, como sostiene Erich Fromm, “es imposible comprender al hombre  y a sus perturbaciones emocionales y mentales sin comprender la naturaleza de los conflictos de valor y de los conflictos morales” (2013) que pululan individualmente en el estamento de cada sociedad y que, el lector acucioso, sabrá filtrar filosófica y lingüísticamente esa realidad tangible, de una manera en que la observación mental de su conciencia sabrá asumir una posición creadora, tal como la que aparece en el texto leído, de manera que, como lo postula la psiquiatra Marian Rojas Estapé, por tomar un ejemplo, “los psiquiatras y psicólogos debemos adaptarnos a nuestros pacientes, entender sus silencios, sus momentos, sus miedos, sus preocupaciones, sin juzgar, con orden y sosiego, sabiendo transmitir serenidad y optimismo” (2022).

Es decir, esa aptitud filosófica que el texto genera, si el lector se ubica, desde luego, en esta perspectiva mental, no es otra que el nacimiento de una realidad psicológico-ético-estético-rítmica con la cual proclama su hidalguía de lector desde el templo fenomenológico de un comportamiento de felicidad humana que en él aparece para combatir su falta de compromiso con la naturaleza de la vida, la cual solo es factible cuando el ser humano del lector pueda adentrarse en el trayecto del conocimiento y de la belleza que experimenta mientras avanza en la recreación que las páginas del texto le producen a ese cerebro lector que se vuelve musical siempre y cuando pueda adentrarse en la estructura interna y en la organización temático-discursivo-melódica que implícitamente el texto contiene y que, por “por tanto, a tenor de toda esta diversidad, la pregunta pertinente es si [la palabra escrita] cumple una serie de funciones en las relaciones humanas, y de qué manera ha influido cada una de ellas en la evolución de las emociones, la mente y el espíritu humanos en las diferentes atapas intelectuales y culturales de la historia” (Levitin, 2019), para que filosóficamente toda esa realidad de lenguaje escrito pueda ser asumida bajo las condiciones psicológico-ético-estético-musicales que, con un buen talante creador y reflexivo-dialógico, el lector las pueda vivenciar plena, racional y emotivamente.