Gimnasia interior del pensamiento, de la lengua, de la palabra

Galo Guerrero-Jiménez

El pensamiento es quizá lo más excelso y grandioso que el ser humano tiene para crear el lenguaje, es decir, la palabra, con la cual logramos hacer vida entre la vida que manifiesta cada persona y la sociedad a través de su ecosistema y del ambiente en el cual proyectamos nuestra conducta humana para hacer cultura, ciencia, arte y todas las acciones humanas que nos encaminan a conformar una sociedad vivible, realizable y, ante todo, estética y éticamente comunicativa.

Desde esta larga trayectoria del pensamiento, de la lengua, de la palabra a través de la historia humana, se han ido perfilando, modelando, practicando y proponiendo nuevas formas de realización, de comunicación y de comunión solidaria y social a través de infinidad de prácticas monológicas y dialógicas. Pues, como sostiene el filósofo español Emilio Lledó: “El diálogo entre los hombres se constituyó en método, en camino, en análisis del sentido y resonancia de las palabras, en duda sobre lo que cada individuo quería decir cuando expresaba, con la voz, su pensamiento y sus sentimientos. Esta gimnasia interior, fruto de la reflexión sobre las palabras, planteó una serie de perspectivas que serían fundamento de la democracia y expresión de su libertad” (2022), como la más preciada valoración que el humano ha logrado conquistar, con todos los tropiezos que ello implica, dentro del desarrollo y progreso democrático que desde el lenguaje interiorizado cada comunidad ha podido consolidar desde la educación formal.

Una educación, por supuesto que, desde el lenguaje en sus variantes de la palabra dialogada, escrita, leída, escuchada y gestualizada, y con una serie de normas socio-pedagógicas hace factible la adquisición del conocimiento tanto científico, humanístico, artístico y de la cultura en general, tan valiosa para ese contacto comunicativo con el prójimo, con el cual la existencia logra su más plena realización social tanto intelectual, emocional, espiritual, intrasubjetiva e intersubjetivamente.

Por supuesto, este desarrollo del pensamiento para la consolidación de la lengua y de la comunicación funciona, especialmente, desde la conformación y educación de la cognición psicolingüística que el cerebro humano procesa, el cual, como señalan el neurocientífico Facundo Manes y el lingüista Mateo Niro, “está adaptándose permanentemente al contexto, cambiando, generando miles de conexiones nuevas. Es un órgano plástico que se modifica con cada nuevo aprendizaje, hasta el último día de la vida. Hoy el cerebro humano se está poniendo a prueba de manera drástica” (2021) a través de infinidad de estudios que están haciendo posible el desarrollo de la neurolingüística, neuroeducación, neuropedagogía y otras disciplinas en torno a la neurología que la sociedad necesita para que la educación y la ciencia contribuyan “en los procesos de formación de las personas y las comunidades” (Manes y Niro).

Por lo tanto, una adecuada formación de la palabra en el ámbito de las competencias que todo ciudadano debe desarrollar, fundamentalmente en la oralidad y la lectoescritura, preparando el cerebro para expresar, como sostiene Francis Bacon, a través de Camila Henríquez Ureña, la necesidad de “Leed no para contradecir y refutar, ni para creer y aceptar, ni para hallar palabras o discurso, sino para pensar y considerar” (2009). Es decir, leer y escribir para que el cerebro nos prepare conscientemente en el inmenso valor educativo que tiene la lectura para observar y analizar el mundo, tal como afirma el escritor ruso Máximo Gorki: “Comencé a observar la belleza de las descripciones, a reflexionar en el carácter de los personajes, a adivinar vagamente los fines perseguidos  por el autor, constatando, no sin inquietud, la diferencia entre las afirmaciones de los libros y las sugerencias que infería de la realidad” (2009) analíticamente.