Zarandeados

Y Jesucristo le dijo: “Simón, Simón, Satanás ha pedido zarandear a cada uno de ustedes como si fueran trigo; pero yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle, de modo que cuando te arrepientas y vuelvas a mí fortalezcas a tus hermanos”.

Estas palabras pronunciadas por el Señor horas antes de que iniciase su pasión, estaban dirigidas a Simón Pedro, aquel discípulo al que Dios Padre le había revelado que Jesús era el Mesías, el Hijo del Dios viviente. La fe de Pedro debía ser probada para comprobar si aquella piedra verdaderamente estaba cimentada sobre la Roca. Los hechos subsiguientes son conocidos, Judas consumó la traición. Jesucristo fue aprehendido en tanto que Pedro lo seguía a la distancia, y en tres ocasiones negó al Maestro. En tan solo horas, Jesucristo moriría en la cruz del calvario. Ante estos hechos, la fe de Pedro estaba siendo probada, sacudida violentamente. Pedro, estaba siendo zarandeado.

En ocasiones debemos ser probados, pero como decía el Apóstol Pablo “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla”. El Señor le decía a Pedro “yo he rogado en oración por ti, Simón, para que tu fe no falle”, su misericordia es infinita, al punto que Él siempre está junto a nosotros, nos tiende la mano para salir del pozo.

Pedro le falló al Señor, lo negó tres veces; pero en lugar de apartarse, se volvió a Jesús con un corazón humilde lleno de genuino arrepentimiento. Por su parte, Judas tomó el camino equivocado, lo invadió el remordimiento, pero no hubo arrepentimiento en él. Pedro superó la prueba, Judas no.

La prueba superada forjó la fe de Pedro, comenzó a depender exclusivamente de Dios. Luego, tuvo el privilegio de compartir con Jesús resucitado, recibió el Espíritu Santo en Pentecostés; y tal como se lo pidió el Señor, su testimonio fortalecía a otros.

Las pruebas llegarán, pues el oro se purifica con el fuego. Afortunadamente, el Señor está con nosotros, nos brinda la salida y al final, hay recompensa. “Bendito quien confía en el Señor y pone su confianza en él. Será como un árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme que llegue el calor, y sus hojas están siempre verdes. En época de sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto”. ¿Estas siendo zarandeado? Entonces, pon tu confianza en el Señor; conócelo.