El encuentro que transforma

Hace unos días fui invitado a participar, en la modalidad virtual, en el II Congreso Internacional de Biblia, organizado por la Escuela Bíblica Católica, “Yeshua”, cuya sede se encuentra en Medellín (Colombia). Mi campo de acción espiritual, humana y pastoral, se desarrolla desde siempre en el ámbito de la evangelización desde la Palabra de Dios. Puedo asegurar, retomando una frase clásica, que me he sentido como un “pez en el agua”. Recuerdo, como un logro importante, la creación de la primera Escuela Bíblica en la Diócesis de Loja, el 14 de septiembre de 1996, un inolvidable día sábado. Dios quiso que recojamos el sentir mayoritario de muchos laicos, preferentemente, de recibir formación bíblica que reúna estos criterios: académica, pastoral, sistemática y vivencial, es decir, que una la fe y la vida. De hecho, la Palabra de Dios y la lectura de la realidad son dos aspectos que deben ir de la mano. De esta manera, el encuentro con Jesucristo, se convierte en una realidad, necesaria y urgente.

Uno de los conceptos en los que insistieron los ponentes de este evento fue “Camino”, desde la cristología del Evangelio según san Lucas. Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. En efecto, la Historia de la Salvación es un constante camino de amor, fe y misericordia, de Dios, Uno y Trino. Yahveh, Dios, camina con su pueblo, comparte su historia, su vida, sus alegrías y tristezas. Es cercano hasta las últimas consecuencias. San Lucas destaca la importancia del camino en sus distintas formas. Hacia Belén caminan José, María y Jesús. Hacia el pesebre caminan los pastores, los sabios de oriente, y la acción criminal de Herodes. Desde Nazaret hacia Jerusalén Jesús anuncia el reino de Dios. En Jerusalén muere Jesús. Desde la cruz Jesús entrega su vida para resucitar con él. Nace, así, un hombre nuevo. Nace la Iglesia que camina en la construcción de un mundo mejor. El Camino lleva al Encuentro con la vida y con la fe. Sin embargo, cada encuentro trae consigo derechos y obligaciones. La respuesta a un llamado, lleva a un Encuentro que debe ser transformante, sincero y comprometido.

Hay encuentros que no son eficaces. El encuentro de Jesús con el joven rico no produce el efecto positivo deseado. En este relato, dice el Evangelio, que Jesús miró de una manera muy especial a esta persona que se retiró porque tenía otra opción de vida. En la región de Gerasa Jesús sanó a un hombre poseído por muchos demonios. El Evangelio señala que Jesús se retiró de ese lugar, fue a la otra orilla, y nunca regresó allí. Los encuentros más transformantes que nos dejan muchas enseñanzas son aquellos que provocan una actitud de cercanía y de conversión: la mujer pecadora que unge los pies de Jesús y es la primera persona que es testigo directo de la resurrección del Señor; Zaqueo, el Samaritano, la Samaritana, el llamado hijo pródigo, Bartimeo, Pedro, la mujer hemorroísa. Todo encuentro que transforma la vida es signo eficaz del amor de Jesús hacia nosotros.