Las almas en huida 

Efrén Sarango

El dolor y la tristeza

son un fuego consumado,

que se mete de costado

en la mente y fortaleza.

No hay señal en la certeza

de la sangre en desbandada,

solamente la asonada

del rehílo de la muerte

que reclama por su suerte

tan temprano estrangulada

La noción de la bonanza

se disloca de los hechos,

de los huérfanos maltrechos

sin raciones de esperanza.

El martirio y la templanza

andan ciegos por su lado,

recordando un gran pasado

por futuros más umbrosos

engarzando los sollozos

al sopor de los impensado.

Cielo abierto, noche triste

en las formas del destino;

arrugado pergamino

de una vida que resiste.

En instantes se desviste

la ondulante calavera

con su ajada cabellera

y sus huesos herrumbrosos,

cárcel fría do los gozos

cobran vida verdadera.

Esas manos sollozantes

se entrelazan con los puertos

de los tétricos desiertos

que sucumben vacilantes.

El dolor de los instantes

van a dar con sus raíces,

sus maderas y maíces

a lo largo del sendero

donde estrena un aguacero

con sus ojos, mil matices.

El suspiro suspendido

corta acechos y centellas,

las traduce en las doncellas

de los pobres desvalidos.

Eres hombre bien nacido

navegante entre montañas

con jilgueros, miel de caña,

y tu pulso entre la tierra;

por lo dicho, no te aterra

el destino y sus guadañas.