La Hoguera Bárbara, homenaje a Alfaro

Campos Ortega Romero

En estos tiempos de modernidad, se hace necesario inventariar nuestro pasado de país, para conocimiento de las nuevas generaciones. Desde tiempos inmemoriales la libertad constituyó la esencia del hombre, no es posible actualmente concebir lo que sería un hombre sin libertad. La libertad es la originalidad profunda de cada individuo humano y el derecho a expresarla. La libertad principia por ser energía cósmica, continua por revestir la moral y termina en expresión jurídica, que es la garantizada por la sociedad y el Estado. Hablamos de la  libertad que nace en el pueblo y en él enraíza, sus derrotas y sus victorias parciales, hasta el triunfo final del hombre, que sobrevendrá cuando surja la gran Historia.

La lucha por la libertad y la justicia de los pueblos no tienen territorialidad ni tiempo, gesta que los hace grandes a las mujeres y hombres e inmortales a sus líderes, como es el caso de Don  Eloy Alfaro: “El  viejo luchador” cuyos pensamientos, convicción, sueños, por ver un Ecuador libre y soberano lo llevaron a la muerte, por decreto de la derecha y oligarquía del país, por el delito de ser un hombre convencido de sus ideales que expresó con hechos luminosos y contradicciones los alcances y limitaciones de su proyecto que constituyó la Revolución Liberal, mediante logros en nuestro país, Alfaro fue grande y antiimperialista por su permanente denuncia de las  intenciones del país del norte y al poner al servicio su espada a otros pueblos de la Patria Grande, había que matarle.

El escritor colombiano, José María Vargas Vila, en su obra literaria: “La Muerte del Cóndor” “le canta al héroe liberal Eloy Alfaro (1842-1921) que el 28 de enero del año 1921, fue masacrado  por una turba asalariada dirigida por Cevallos, jefe de la cochera presidencial, en un acto horrendo. Lo arrastran por las calles de Quito y queman su cadáver en El Ejido. Acusa de autores  intelectuales a los  expresidentes Leonidas Plaza, Lizardo García, Emilio Estrada, los encargados Carlos Freire Zaldumbide, Carlos R. Tobar, al clero católico, al arzobispo Federico González Suárez, los dominicos de Quito, al Ministro de Gobierno Octavio Díaz, al ministro de Guerra, general Juan Francisco Navarro, al cuñado de Plaza, Juan Manuel Lazo, y a otros que traicionaron a Alfaro.

 Eloy Alfaro, Hombre Símbolo; el más alto y más genuino representante, del tipo heroico, más reflexivo, más puro, y más completo, Alfaro, fue el Guerrero-Apóstol; la encarnación del Héroe Idealista, en su más prodigiosa y noble realización; sólo tres Hombres Significativos, tres encarnaciones de pueblos, han surgido en América, después de Bolívar: Benito Juárez, José Martí y, Eloy Alfaro; Ojos de halcón; audaces y voraces, cambiantes, como el oleaje de una mar en equinoccio; pequeño el cuerpo, erecto y vigoroso, de talla napoleónica, con algo de felino en los movimientos, y mucho de marcial en la apostura; hombros altos, de raza militar, alzados como en un gesto de desdén, ante todas las cosas de la Vida; el pecho fuerte, combado hacia adelante.

Durante treinta años, él había sido el alma indomable de Libertad contra la Tiranía; él había sido la humanización tangible, de esa palabra misteriosa y sin límites: la Revolución; la Vida de Alfaro, fue eso, y nada más que eso, la condensación de un Sueño Heroico; el Amor a la Libertad, fue inspirado por él. Ofrendó sus riquezas, sacrificándole la cuantiosa fortuna, que fue su patrimonio, sacrificó su amor, cambiando las ternuras del hogar, por las rudas asperidades del combate, fue un rompedor de cadenas, no un forjador de yugos”.

Carolina Larco Chacón señala: “La hoguera bárbara es un homenaje a la vida de Eloy Alfaro y honra su muerte cuando denuncia algunas circunstancias planeadas por los autores intelectuales de la masacre, que libraron su conciencia echando la culpa al pueblo, a un grupo de personas, autores materiales del arrastre e incineración de los cadáveres”. Así sea.