El baúl de los recuerdos: El pundonor deportivo de los lojanos

Efraín Borrero E.

Varias son las familias lojanas que a lo largo del tiempo han promovido y fomentado el deporte como una práctica saludable para el desarrollo corporal y espiritual, y para generar valores e ideales de competitividad que permitan alcanzar logros y metas importantes.

Los padres han sido quienes han inculcado y alentado el espíritu deportivo de sus hijos, haciéndolos soñar con grandes desafíos, especialmente con el honor que significa representar a Loja en competiciones nacionales e internacionales, en las cuales siempre se busca la oportunidad para marcar algún récord trascendente que evidencie el esfuerzo para poner en alto el coraje y la nobleza de ánimo de los lojanos.

En algunas familias varios hijos han disfrutado con pasión del deporte competitivo, haciendo de esa práctica una forma de expresar su personalidad impetuosa.

No cabe duda que el caso más representativo es el de Adolfo Homero Cuenca y sus hijos Homero Fabricio y Rubén Antonio, quienes han colmado de orgullo a los lojanos a través del «deporte tuerca». Sus triunfos automovilísticos nos han hecho vibrar de emoción en ocho ocasiones en las que se consagraron monarcas de la Vuelta Automovilística a la República.

Al filo de polvorientas carreteras nos apostábamos para observar de cerca y aplaudir el raudo paso de los Cuenca.

El clan Álvarez generó una dinastía de deportistas. Aníbal Álvarez Sarmiento compitió en motocross y en automovilismo. En 1972, en la quinta Vuelta a la República, logró el segundo puesto en su categoría. Sus hijos Juan Carlos y Fabricio Leonardo Álvarez Sotomayor se destacaron en circuitos automovilísticos y en competencias de motociclismo, logrando muchos trofeos.  Entre sus nietos hay quienes intervinieron en competencias de motocross y cuadrones, alcanzando algunos campeonatos; otros concursaron en varias disciplinas deportivas. Finalmente, su bisnieta Amelia Sofía, fue campeona en gimnasia rítmica.

En natación, los hermanos Juan Fernando y José Vicente Aguirre Jaramillo, hijos de Jorge Aguirre Asanza, el único prefecto que en forma ejemplar marcaba su tarjeta de asistencia junto con los empleados, delimitaron su propio territorio de éxitos siendo seleccionados provinciales y nacionales.

Los hermanos Bolívar, Jorge y Hernán “Tonina” Guerrero Armijos fueron parte activa del quehacer deportivo de Loja; se destacaron en futbol y baloncesto. Recuerdo a los dos últimos integrando el equipo lojano de basquetbol que enfrentó a jugadores de talla internacional como Marcelo Holguín, y Pablo y Pío Sandiford. 

Los eventos basquetbolísticos se realizaban generalmente en la cancha de la Escuela Miguel Riofrío, que por aquel tiempo hacía las veces de “coliseo lojano”.

En basquetbol también sobresalieron los hermanos Jorge y Guido Beltrán; Agustín y Félix Paladines; Maruja y Virginia Ortega; Juan Agustín y Cecilia Quinde; Alicia y Cecilia Rodríguez; Jorge Guzmán y sus hijos; Mae y Cecilia Palacios; y, Galo y Julio Pérez.

Los hermanos Larriva Borrero tienen un sitial de honor en la historia del deporte lojano. Anabel empezó en 1983 su exitosa trayectoria deportiva en tenis de mesa como seleccionada de la provincia. Logró el campeonato nacional en varias categorías, siendo el más importante el Campeonato Nacional Absoluto en Categoría Abierta. Fue seleccionada ecuatoriana en cinco períodos consecutivos y representó a nuestro país en campeonatos internacionales.

De su parte, Fabián y Juan Pablo intervinieron en varias competiciones nacionales de natación.

Juan Pablo, con su ávido afán de superación se inscribió en la principal prueba de aguas abiertas en el Ecuador: el Cruce del Lago San Pablo, en la hermosa provincia de Imbabura; una travesía de 3600 metros de longitud, con aguas frías que oscilan entre los 16 y 17 grados centígrados. Se trata de una prueba de alto rendimiento instituida el 8 de septiembre de 1.940, que forma parte de la celebración de las fiestas del Yamor en Otavalo.

El esfuerzo que los deportistas requieren para esa competencia es supremo. Muchos de los concursantes abandonan la travesía en medio camino debido a la baja temperatura del agua y por falta de oxígeno.

Cuando Juan Pablo me comentó su decisión de participar en esa dura prueba lo abracé y felicité emocionadamente, y para alentar su coraje y valentía le conté la sorprendente hazaña de Richard Halliburton, un norteamericano intrépido que en agosto de 1928 se presentó en la administración del Canal de Panamá, a fin de solicitar autorización para cruzar nadando ese Canal a través de las esclusas. Los “gringos”, que eran los administradores en aquel tiempo, escucharon desconcertados la petición, ya que por allí sólo transitan embarcaciones de todo tamaño. Sin saber cómo reaccionar ni entender el alcance de la propuesta le dijeron simplemente que no era posible.

Pero Halliburton no se amilanó e insistió con vehemencia en su petición. Cuando le preguntaron por qué quería hacerlo respondió que se considera un hombre de grandes retos y que su propósito es probarse a sí mismo.

Los “gringos” analizaron el caso y elevaron las respectivas consultas. Finalmente concluyeron que no existía ninguna objeción para extender la autorización, pero sujeta a ciertas condiciones que Halliburton las aceptó, como recibir la vacuna anti-tifoidea, estar acompañado por una canoa que lleve un tirador experto por si acaso acechara algún caimán, y pagar el peaje correspondiente.

Para cumplir este último requisito lo registraron como si fuera un barco, no había otra forma, y procedieron a pesarlo, ya que el peaje estaba en función del tonelaje del buque. El peso de Halliburton fue de 63 kilos por lo que tuvo que pagar la cantidad de 36 centavos de dólar, convirtiéndose en el peaje más barato de la historia del Canal de Panamá.  

Con esa singular historia pretendí sinceramente que mi sobrino tuviese firmeza en su convicción y demuestre lo que era capaz. Que él y todos los deportistas que representen a Loja cumplan sus grandes anhelos anteponiendo el pundonor deportivo, que no es otra cosa que el amor propio, pensando siempre en el orgullo de ser lojanos.