El baúl de los recuerdos: AL PIE DEL AHUACA

Efraín Borrero E.

Acompañé a Oswaldo a una riña de gallos finos en Cariamanga.. Tenía tres fornidos ejemplares para competir: el cenizo, el relángamo y el trompudo, llamado así por su abultado pico como ave de rapiña. 

Oswaldo es un gallero de cepa que disfruta con pasión esa manifestación viva de una tradición traída por los españoles desde la época colonial.

De manera general, la mayor felicidad de un gallero es ser gallero y dedicar sus mayores esfuerzos a la crianza y cuidado de sus gallos. En los pueblos se disfruta a plenitud las fiestas cívicas y religiosas siempre y cuando en la programación se incluya la contienda de gallos finos.  

A mucha gente le gusta las peleas de gallos. En Cariamanga ni se diga. Jerónimo Carrión Palacio, nacido en esa ciudad y que fuera Presidente Constitucional del Ecuador, fue un empedernido gallero.

En Loja y en ciertos lugares de la provincia, como Cariamanga, el juego de gallos fue adoptado como un pasatiempo desde mediados de 1700. En ese ambiente nació Jerónimo Carrión. Se dice que desde muy joven asistía a esos espectáculos.

No ha faltado quien diga, con fino humor, que en algún rincón del Palacio de Carondelet se veía gallos amarrados cuando Jerónimo Carrión ejerció la presidencia.   

Llegó el día del viaje. Hace muchos años que no visitaba la “Villa de San Pedro Mártir de Cariamanga”. Al ingreso, el imponente Ahuaca da la bienvenida. Aquella inmensa roca, que para los cariamanguenses constituye un emblema y es parte de su identidad, se yergue majestuosa como guardiana de la urbe.

En el coliseo de gallos, Oswaldo saludó con calidez a todos los presentes. Jamás había estado en un ambiente tan animado y bullicioso como ese. Gritos por todo lado sellando las apuestas; lenguaje pintoresco que sólo ellos entienden; galleros con la boca llena de aguardiente para soplar fuerte al animal, como cargando las pilas, y personas averiguando, entre voces secretas, el santo y seña de los gallos a enfrentar.

Allí conocí el alcance de la expresión “palabra de gallero”, aquella sin la cual sería imposible que la contienda se realice. Los apostadores conservan en su memoria, como computadora, cada una de las apuestas comprometidas. Si alguien quiere pasarse de vivo es desterrado del paraíso y el hecho se comunica a toda la hermandad de galleros en el mundo.

La “palabra de gallero” es un valor que se mantiene intacto a través del tiempo y no es otra cosa que el juego limpio basado en la honradez de la palabra y de la acción. Esa palabra debería ser adoptada por todos los ecuatorianos en nuestros actos públicos y privados.

Terminado el evento nos dirigimos al tradicional restaurante de Cleotilde Carrión, a fin de servirnos una exquisita cecina, potaje lojano que, según ella, es originario de Cariamanga, como también la Madre Olla u Olla Podrida, cuya degustación es muy común el Jueves Santo.

Pregunté a Cleotilde de dónde era y respondió enérgicamente: soy bien Cariamanga. Recordé de pronto a Santiago Alejandro Ojeda, porque así se expresaba con orgullo. Fue un amigo apreciado por la colectividad lojana, destacado empresario y presidente de la Asociación General de Profesores e Investigadores Jubilados de la Universidad Nacional de Loja, desde donde luchó por los derechos de sus compañeros. 

También recordé a Galo Escudero Cevallos, quien hacía gala de su origen cariamanguense. Su despacho profesional en Quito era muy visitado por amigos lojanos de vieja y nueva data.

Le hice saber que la última vez que visité Cariamanga fue en 1977, allí saludé con el Hermano Santiago Fernández García quien fue toda una institución en esa ciudad.  Cleotilde expresó que fue una persona sumamente apreciada; un hombre luchador comprometido con la educación y el progreso. Mereció muchos reconocimientos públicos y varias condecoraciones. Cuando falleció el día 11 de noviembre de 1993, la población sintió un profundo pesar y perennizó su nombre erigiendo un monumento en su honor.

Habló de algunos personajes nacidos en Cariamanga que estaban en su memoria, quienes prestaron relevantes servicios y brindaron su aporte en Loja y el país, como Monseñor José María Riofrío Valdivieso, Obispo de Loja; Benjamín Cevallos Arízaga, Presidente de la Corte Suprema de Justicia en varios períodos; Clotario Paz Paladines, que en su calidad de diputado luchó contra el centralismo; Juan Francisco Ontaneda Castillo, que ejerció el rectorado de la Universidad Nacional de Loja y la docencia en la Facultad de Jurisprudencia. Moisés Oliva Jiménez, líder de la revolución juliana; Mario Jiménez Montero, destacado general del ejército; José Miguel Rosillo, benefactor. El hospital lleva su nombre. Gonzalo Merino Pérez, quien publicó algunas obras sobre Derecho, y Max Berrú Carrión, músico, miembro fundador de la agrupación internacional Inti-Illimani, donde participó como uno de sus principales cantantes, haciendo escuchar su voz por algunos países.

Agregó que los doctores Modesto Berrú Cueva, Carlos Enrique Cueva Jiménez y Eloy Sánchez Loaiza, fueron de los primeros médicos lojanos. Francisco Montero Carrión se distinguió como Presidente de la Corte Suprema de Justicia. Los hermanos Marco y Klever Ontaneda; Diógenes Loayza, Pepe Berrú, Víctor Granda y Servilio Ludeña, fueron notables emprendedores que generaron fuentes de trabajo. Napoleón Berrú Cueva, ha sido reconocido como un prohombre de ese jirón de la patria. Manuel María Rosillo Ojeda llegó a ser próspero hacendado; Amadeo Ontaneda, un dinámico importador; y, Lucila Magdalena Martínez Samaniego, quien administró y financió importantes acciones de la Asociación de Lojanos “18 de noviembre” de Quito

Se refirió a los miembros de la familia Cueva Ontaneda, quienes han contribuido al desarrollo provincial y nacional desde diversas actividades profesionales y productivas. Su vasta descendencia cuenta con profesionales que han sobresalido en importantes funciones públicas y privadas.

Otros tantos nombres de distinguidos cariamanguenses asentados en diversos lares de nuestro país, dan cuenta de personas que, con esfuerzo, trabajo, pundonor y talento, han abierto horizontes de grandeza.

Cleotilde resaltó que en Cariamanga se estableció la Escuela Normal Rural “Eloy Alfaro”, en 1939, para la formación de maestros rurales, la primera en su tipo en el sur del país. Allí se educaron jóvenes de Loja, El Oro y Zamora Chinchipe.

También remembró que hace años y ante la falta de vías de comunicación con la capital provincial y el resto del país, las relaciones comerciales eran con Ayabaca y Huancabamba, en el norte peruano, una dura travesía de varios días pasando por Trapiche Quemado. Con el Perú se comercializaba cobijas, tejidos, productos de consumo, licores y otros artículos más.

Esas relaciones fueron tan estrechas que incluso imbuyeron el gusto por la música del vecino país. Al vals peruano lo sentíamos como nuestro, dijo Cleotilde, más aún que las únicas radioemisoras que escuchábamos por aquel tiempo eran peruanas.

Al despedirnos de Cleotilde, una maravillosa anfitriona, expresó generosamente: vuelvan a Cariamanga, esta es una tierra hospitalaria y hermosa; es “Tierna madre de invictos titanes, suave cuna de cien inmortales”.