¿Somos capaces de enfrentar la desconfianza social de la administración pública local?

Edwin Villavicencio

Las cifras del latinobarometro evidencian los niveles de apoyo a la democracia como medio de gobierno para la satisfacción de las demandas ciudadanas, sin embargo, muestran elevados niveles de insatisfacción ante los resultados de la misma. Inclusive, las personas opinan que en la democracia sólo se gobierna para pequeños grupos y a su propio beneficio. El Ecuador apenas el 6,6% opina que como país estamos progresando, el 6,2% opina que la situación económica del Ecuador es buena y muy buena, el 9,8% está entre satisfecho y muy satisfecho con el funcionamiento de la democracia, y, el 87,2% indica que el país está gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio.

En el caso de Ecuador, la agenda pública actual, demuestra que los problemas públicos se traducen según los intereses de los actores políticos locales (y que están legitimados socialmente porque son representantes sociales), y eso es lo que provoca el “hartazgo social”, pues no son los problemas sociales los que se priorizan en la agenda pública local.

Lamentablemente los modelos de gestión de los gobiernos locales actuales continúan en el círculo viciosos del entramado político, donde sus resultados únicamente tienen connotación corporativa y partidista, alejados demasiado del espectro social, donde el concepto de valor público es desconocido y para nada cercano a sus reales pretensiones de gestión.

Muestra de ello, ya en un contexto práctico local, tenemos al Municipio de Loja, con un modelo de gestión sin enfoque de valor público (al menos mantiene este enfoque desde su origen), donde ninguna administración no ha demostrado el más mínimo interés por satisfacer las demandas sociales y la valoración de su accionar, configurando una dinámica del “dejar hacer, dejar pasar” que no fue exclusivo del anterior burgomaestre.

Esta dinámica institucional partidista que se ha configurado y menoscaba la gobernabilidad, por ende, no permite despegar en términos de gobernanza y nuevos modelos de gestión pública, ha determinado que se mantenga un gobierno mecánico, es decir, un gobierno o entidad que se mueve en la inercia de las competencias y facultades que les otorga el ordenamiento jurídico con escaso o nulo valor público, con aspiraciones únicas de llegar al poder y mantenerse en un periodo de gestión a costa de ser castigado en las urnas en la subsiguiente elección.

En la otra cara institucional, está el gobierno dinámico, en el cual el valor público es una variable dependiente de todos sus procesos y la satisfacción es intrínseca en la prestación de bienes o la provisión de servicios. Este modelo de gestión permite adoptar paradigmas de la nueva gestión pública, de la gobernanza y buen gobierno como lo es el gobierno abierto y da la apertura para establecer mecanismos de innovación, inteligencia artificial y de todo tipo de avance tecnológico.

Para finalizar y respondiendo a la pregunta inicial, por supuesto que podemos enfrentar la desconfianza local de las administraciones públicas locales con modelos de gestión que propendan a generar valor público y la satisfacción en cada uno de los procesos, no como propuesta ciega y vacía de campaña si no del quehacer diario.