Recuperar gobiernos seccionales y empezar a solucionar la problemática social

Rafael Riofrío Tacuri

Una vez iniciada la campaña electoral, he vuelto a escuchar de boca de dirigentes políticos y candidatos que las “ideologías no existen, que ya no tienen validez”. Alguien incluso dijo, que sus “principios ideológicos se adaptan a cada realidad”, supongo quiso decir, se adaptan a cada público. ¡Bonita conjugación entre la hipocresía ajena y la flojera propia!

Esta desvergüenza, solamente nos muestra que la democracia burguesa no hace mención de sus principios ideológicos y los candidatos que defienden su “vientre de alquiler” y sus propios intereses tampoco hacen referencia a sus convicciones políticas con los votantes, primero, porque no las tienen claras y, segundo, prefieren generar una especie de empatía proselitista entre las necesidades básicas de los ciudadanos y las esperanzas insatisfechas; así, a pura demagogia han logrado apoyo en cada elección.

Ciertos candidatos hacen énfasis en “mirar la paja del ojo ajeno y no la viga que llevan en el suyo”. No exponen con claridad su propuesta y se niegan a explicarnos cuáles son las líneas políticas con las que pretenden solucionar nuestras reivindicaciones en materia de fiscalización, educación, salud, sanidad, cultura, empleo, combate a la corrupción, y lo exigimos porque entendemos que en la heterogeneidad ideológica y en la pluralidad de ideas que nos ofrece el sistema, reside la posibilidad de un cambio. ¿Qué miedo tienen de decir a quiénes representan y a quienes defienden?

Sin embargo, más allá de las propuestas y de los nombres, la mayoría de los ecuatorianos, dudamos de la capacidad de los asambleístas para organizar y defender los servicios públicos para beneficio de todos, pues guardan silencio ante la posición del presidente Lasso y su equipo familiar de asesores, que primero disminuyen el presupuesto de las empresas públicas, luego mediante spots publicitarios desprestigian la calidad de los servicios que ofrecen, esto con la intención de feriarlas a precio de gallina robada; es decir privatizarlas a favor de sus grupos de poder.

Para ello, pese a que la Comisión de Justicia de la Asamblea Nacional ha convocado a varios funcionarios del Gobierno a dar explicaciones sobre una presunta red de corrupción en las empresas públicas, sostiene al Econ. Danilo Carrera Drouet -cuñado suyo- para que prepare la rifa de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones, del Banco del Pacífico, las hidroeléctricas, la seguridad social y los campos petroleros.

Nos canturrean que la privatización es fundamental para el desarrollo del país, que la privatización tiene como objetivo reducir el tamaño del Estado, que los recursos se destinarán a políticas sociales, etc., etc., puro cuento chulquero.

Queda claro que la privatización de las empresas públicas, es una decisión ideológica de la derecha para adueñarse del Estado. Por lo que, es necesaria la unidad popular para respaldar cualquier iniciativa que pueda provenir de la academia progresista y de los sectores populares, a fin de recuperar los gobiernos seccionales y empezar a solucionar los graves problemas que aquejan al país.