Coartada

Tuve tiempo de salvarme entre tus sueños desbordados,

de escapar a tus campos

y con el albedrio

lavarme las manos.

Tuve tiempo de arrepentirme,

pero mi pecho

es un botón roto

que pende de un hilo.

Tuve tiempo de voltearme

a tus advertencias,

la fiebre es el amor

que te retuerce a la madrugada.

Tuve tiempo, pero lo eché al río

como una moneda

o “anormal deseo”

zapateando en el aire antes de caer del lado menos favorecido.