La última palabra

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Caminando por las calles de esta urbe, me he encontrado con un hombre que tiene un bebé en brazos, el infante está atado a su progenitor como un eslabón, más un bolso con biberón y pañales, y el corazón lleno de desesperación, este súper hombre trae un gran peso, y ha decidido retarnos.  En pleno parque dice a toda voz:

A los que crean que tienen grandes problemas, miren aquí.  Les cambio ese destino de desgracia, por uno de estos estribillos, escuchen bien, escuchen.

Casi todos sabemos sufrir, pero pocos sabemos gozar, porque sufrir y gozar, no es igual, sufrir es sufrir, gozar es gozar.  Y sigue: Si la vida es sufrida, así lo decidiste, si la vida es triste es quizá tu propia receta.  Pasa y comprueba. La vida está diseñada especialmente para ti.

Y con el bebé entre brazos, un micrófono y un parlante; canta y exhibe su motivo, para pasar el límite. Y sigue su locución: “La vida te dedica esta melodía, te la ofrece, te pone ante los ojos, te la presenta ante el corazón, y solo tú eliges, nadie más sino tú”.

Pero, aunque su guion es corto, potente, estremecedor.  La gente pasa de largo.  Solo unas pocas personas, colocan monedas en un recipiente que tiene al pie.   Cuando alguien se agacha a poner una moneda, parece hacer una pausa. Y luego, vuelve a cantar.  Y entre verso y verso, ameniza, “Les cambio su tristeza, por una de estas estrofas. Tú tienes la última palabra”.

Alguien lo ha escuchado y se le ha pegado la canción, se para e intenta buscarle sentido a lo que oye, y se conecta. Cuando ve al hombre tan joven, con su bebé en brazos, cantando como un ruiseñor: “Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar, porque amar y querer no es igual, amar es sufrir, querer es gozar.  El que ama pretende servir, el que ama su vida la da, el que quiere pretende vivir y nunca sufrir, nunca sufrir”.

El bebé envuelto en una frazada azul, en brazos de su padre, simboliza, que el canto viene dado precisamente por aquel bebé, por ese gran amor, y prosigue: “El que ama no puede pensar, todo lo da, todo lo da. El que quiere pretende olvidar, y nunca llorar, y nunca llorar”.

Entonces, el expectante corea las estrofas con aquel desconocido, y siente la canción en carne propia, se eriza y se le pone la piel de gallina, y la canción lo estremece, con esta estrofa: “El querer pronto puede acabar, el amor no conoce el final. Y es que todos sabemos querer. Pero pocos sabemos amar”.

Decide quedarse cantando, así juntos prosiguen: “El amor es el cielo y la luz, el amor es total plenitud, es el mar que no tiene final, es la gloria y la paz, es la gloria y la paz”.

Y así, el cantor ha inspirado a otros que también lo acompañan y se han conectado al sentir.  Y termina diciendo: “Les cambio, ese destino triste por estos versos.  Tú tienes la última palabra”.