luis_pineda47@yahoo.es
La mayoría de las autoridades elegidas por voto, de acuerdo a la constitución, han creado una imagen negativa de las actividades políticas, tanto al interior de los partidos y movimientos políticos, cuanto en el desempeño de las funciones asignadas.
A ello debemos agregar el papel de los medios de información masivos que publican noticias que favorecen a los dueños de los poderes económicos y políticos creando una imagen negativa de toda actividad relacionada con la política. Señalemos algunos ejemplos para confirmar lo que estamos comentando: la mayoría de políticos buscan acumular poder económico y político para ellos, perjudicando a la mayoría de la población. Como son dueños o tienen mecanismos de control de los medios de información nacionales, nos comunican lo que a la mayoría de políticos les interesa, manipulando la realidad. La mayoría de los partidos políticos son de alquiler, por eso en estas elecciones “hay partidos sin candidatos y candidatos sin partidos”, a excepción de un partido. Las realidades anteriores se complementan con el hecho de que la mayoría de candidatos no tienen partido propio, ni plan de gobierno, ni ideología para ganar los votos para ser gobernantes.
Surge las interrogantes ¿qué podemos hacer?, ¿qué debemos hacer?
Para profundizar en las interrogantes planteadas, les ofrecemos unos comentarios del padre Pedro Pierre:
“A causa de nuestro desinterés, nuestra ausencia y abstención, nuestro país es lo que es: la propiedad privada de unos pocos para su beneficio exclusivo. Hemos dejado que otros decidan por nosotros y les permitimos, por nuestra complicidad, hacer lo que les da la gana. Hemos dejado a los más ricos manejar la organización política y económica de nuestro país y lo aprovechan para acumular riqueza sin límite y a costa nuestra. Utilizan la educación, los medios de comunicación y las religiones para meternos en la cabeza que sólo ellos tienen la capacidad y las mejores soluciones para resolver todas nuestras dificultades y todos los problemas sociales del país. Cuando protestamos porque no estamos de acuerdo con actual organización social, educativa, sanitaria, cultural, nos llaman delincuentes y terroristas, nos persiguen, nos encarcelan y hasta nos matan.
En los centros educativos –primarios, secundarios y superiores–, como también en la familia, deberían enseñarnos estas cosas de la verdadera política, para que no seamos unos analfabetos políticos, sino ciudadanos activos y participativos que aportamos la parte que nos corresponde afín de tener un país donde podamos vivir y convivir armoniosamente. Además, desde que nacemos, estamos viviendo mediante un ambiente que nos ayuda a crecer con la calidad de vida que nos merecemos. Difícilmente logramos relaciones positivas con los demás, la naturaleza, el cosmos y el misterio de la vida. Los seres humanos tenemos la capacidad única de decidir y participar de nuestro propio desarrollo. Por este motivo, debemos afirmar que la política, o sea, la organización de las relaciones humanas, es la mayor expresión del ser humano. Al no participar en esta vida política, nos mantenemos al margen de lo que nos va orientando, moldeando y conformando como persona humana, es decir, crecer en dignidad y fraternidad. No es normal que otros decidan cómo debemos organizarnos, qué debemos conocer y estudiar, cómo debemos comportarnos y decidir, que debemos pensar sobre lo que es la verdad, la justica, la libertad. También debemos entender que, si no participamos en la vida política de nuestro país, perdemos el derecho a criticar tanto su organización como la corrupción de nuestras autoridades ya que dejamos a otros la capacidad de decidir por nosotros cómo va a funcionar nuestro país.
Las actuales elecciones son una nueva oportunidad para expresarnos y tomar parte de las orientaciones y decisiones que marcarán nuestra manera de vivir y convivir para los años venideros. Debemos dejar la pasividad y el individualismo para construir lo que llamamos la ‘democracia’, es decir, como lo significa la palabra, ‘el gobierno del pueblo’, o sea, de la mayoría de la población. Solamente juntos y organizados podemos crecer en conciencia, en dignidad y en convivencia feliz. La democracia es la hija de la política. Es la manera participativa de organizar la manera de vivir, convivir y resolver nuestros problemas. Eso comienza en la familia, el barrio, los poblados y la ciudad, mediante la conformación y la integración de organizaciones sociales. De estas organizaciones sociales deben nacer los partidos políticos. Si no es así, perdemos el control de nuestra vida y vamos a la deriva.
Es tiempo de decidir y actuar por nuestro propio bien individual y colectivo. Es tiempo de participar, dar a conocer nuestras necesidades e integrar grupos y organizaciones sociales que hagan respetar nuestra voluntad colectiva… para contrarrestar el ‘negocio, el mercado y la desnaturalización de la política’”.
